Ni los que mejor trabajan ni los más aventajados: los tópicos alemanes vistos por un asturiano

El ovetense Pelayo Peñarroya es un ingeniero aeroespacial que se encuentra trabajando en Bremen

El asturiano Pelayo Peñarroya, en Bremen
El asturiano Pelayo Peñarroya, en Bremen

Redacción

Muchos elogios reciben los alemanes por algunos de los rasgos que muchas personas asocian al pecular carácter teutón. Su seriedad, su afán de trabajo y su sociedad avanzada por encima de la mayoría de países de su entorno son supuestos que la población suele tenerlos por seguros y, hasta que uno no vive en Alemania, no puede comprobar si son o no verdad. El asturiano Pelayo Peñarroya puede responder sobre qué tienen de verdad estas afirmaciones ampliamente aceptadas, ya que sus tres años de experiencia laboral en esta nación europea le han valido para darse cuenta de la sobredimensión de algunos tópicos alemanes, como su gran dedicación por el ámbito laboral o lo adelantado que es el país con respecto a otros, como España. 

Este ovetense llegó a Alemania hace ya tres años por unas prácticas laborales para finalizar su máster de ingeniería aeroespacial. Una exhaustiva búsqueda le llevó a Bremen, «un pueblo grande», como lo define el expatriado, y que «no tiene nada que ver con ciudades como Hamburgo o Berlín». El ambiente internacional que se respira en la empresa donde trabaja este joven le ha permitido amoldarse a la localidad germana, con un clima muy próximo al asturiano, por lo que su aclimatación fue muy sencilla. Aunque esta ciudad alemana sea «bastante abierta y con bastante gente joven», Peñarroya echa mucho en falta el «cachondeo español y la sociabilidad» que se respira en su país de origen. 

Pese a que desmienta varios tópicos alemanes, existe una serie de ideas preconcebidas aceptadas sobre la idiosincracia alemana que el asturiano ratifica, como el hecho de que los germanos sean maniáticos y beban mucha cerveza, «aunque no tan fría como en España», puntualiza. Además, afirma que lo que más le chocó de los alemanes es el hecho de planear cualquier cosa con mucha antelación. «Cuando alguien te pregunta si puedes quedar a tomar un café en dos semanas, ¿qué respondes? Porque yo no sé dónde voy a estar...», reflexiona. Con respecto a la afluencia de otras nacionalidades en Bremen, afirma que «los que más hay son italianos, aunque he reconocido a muchos asturianos por la pegatina de la cruz en el coche. Somos unos clásicos», comenta. 

Debido a la distancia y a las malas conexiones, este joven solo visita tres veces al año su tierra natal: en Navidades, Semana Santa y verano. «Es muy poquito, y cada vez que vengo tardo muchísimo en llegar porque las conexiones son bastante malas», lamenta. En sus visitas, no ha notado cambios en Asturias, y echa de menos ver montañas en el horizonte. «La baja Sajonia y los Países Bajos son regiones muy planas y uno echa de menos un poco que haya cuestas», añade. 

La aventura alemana de este ovetense podría llegar a su fin, ya que una buena oferta laboral de Madrid podría hacerle coger las maletas de nuevo rumbo a España, donde estaría mucho más cerca de la tierrina y donde podría disfrutar de los picos y las montañas que echa en falta de su comunidad de origen. Tres años después de su llegada a Bremen, Pelayo Peñarroya confía en su vuelta.

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