Un Erasmus abre el sueño europeo a un asturiano

El moscón Jaime Rodríguez disfruta en Varsovia de un salario que a su edad «no sería fácil ganar en España»

El asturiano Jaime Rodríguez, en el parque Lazienki de Varsovia
El asturiano Jaime Rodríguez, en el parque Lazienki de Varsovia

Redacción

Los Erasmus son la puerta para que cada año los jóvenes europeos puedan conocer las culturas de otros países del continente mientras cursan parte de sus estudios universitarios. Después de estas estancias, el regreso de estos estudiantes traen consigo anécdotas e historias que son inolvidables para el resto de su vida. Sin embargo, existen casos como el de Jaime Rodríguez en los que los Erasmus pueden abrir las puertas a los estudiantes para vivir auténticos sueños europeos. Este moscón envío currículums antes de finalizar su estancia universitaria en Varsovia a numerosas empresas, y desde entonces lleva cuatro años trabajando y disfrutando de un salario que a su edad «no sería fácil ganar en España», como él mismo reconoce. Sus experiencias en Polonia le han permitido descubrir un país con una sociedad «muy polarizada, en la que conviven una parte puntual, educada, e interesada en otras culturas con otra frustrada,alcoholica, agresividad y racista». 

Este expatriado emigró en septiembre de 2014, y el año que realizó el Erasmus se sintió muy atraído por la forma en que este país del este se estaba desarrollando económicamente, captando empresas de todas las partes del mundo, generando un impacto muy positivo en su nivel de vida. La entrada en la Unión Europea de Polonia también significó una apertura hacia el extranjero muy beneficiosa tanto a nivel empresarial como de atracción de trabajadores europeos. Las empresas americanas son unas de las protagonistas de este «boom económico», y el moscón afirma que esto se traduce en una cultura laboral que «valora mucho el esfuerzo y tu potencial, sin importar tanto tu experiencia o estudios previos». Por otra parte, el sueldo que perciben los empleados de estas compañías les permite disfrutar de una buena calidad de vida.

«Se puede ahorrar muy fácilmente sin escatimar en nada. Estoy desarrollando mi carrera profesional en empresas punteras y hay conexiones aéreas a toda Europa, algo que me interesaba para viajar fácilmente, cada mes intento ir a algun destino nuevo», explica Rodríguez. Este asturiano señala que, pese a no irse por necesidad, no quería que lo mantuvieran sus padres, ya que en su tierra natal la falta de trabajo fijo obliga a los jóvenes a permanecer en casa de los padres hasta bien superados los veinte. «Tengo un salario que a mi edad en España no sería fácil ganar y con un coste de vida menor», destaca.

Llegada a Polonia

Antes de sus inicios laborales en el país polaco, Jaime Rodríguez aterrizó como estudiante de Erasmus en un lugar desconocido para él, y se trataba de la primera vez que se independizaba, lo que asegura le hizo madurar mucho. «Viví en una residencia de estudiantes con un chico alemán, y en la habitación de al lado estaban un austriaco con un esloveno», apunta. El ir a clase con numerosos compañeros polacos le permitió conocer lugares y personas interesantes. No obstante, añade que la experiencia Erasmus supone estar en «un mundo aparte», por lo que no pudo conocer de verdad lo que era la vida en Polonia hasta que no se introdujo en el mercado laboral de ese país. «Es un cambio cultural bastante grande sobre todo por la interacción social en relación a Espana, pero toda la gente habla inglés. Por eso decidí venir aquí, vivir una experiencia diferente, cambiar Grado por una capital europea. Ha sido una gran decisión pero sigo sin acostumbrarme a ciertas cosas», reconoce.

La cultura polaca

Una cultura de contrastes, donde se puede ver en una misma calle de una ciudad polaca un monumento, un edificio moderno y vestigios de la época soviética. Su historia marca el carácter de parte de este pueblo, que se encuentra muy polarizado, como afirma el joven. Convive un sector europeísta, abierto y amable con su contraparte, racista, que considera este moscón bastante hipócrita, ya que comenta que «reciben millones en ayudas de la UE al ser un país que se unió hace relativamente poco, y hay polacos emigrados en todos lados». Además, se da una cierta mentalidad de posguerra extraña para los extranjeros, aunque este asturiano no solo circunscribe esta forma de pensar al caso polaco. «En Espana también parece que hay gente que tristemente no quiere pasar página en ese sentido», lamenta.

La liberación de este país del comunismo ha servido para que sus habitantes viajen y descubran las culturas de los países vecinos, y este aperturismo ha generado un interés por el ladrillo similar al vivido por España en otras épocas. «Están como nosotros hace 20 años en ese sentido», sostiene. La tradición católica y el respeto por sus símbolos nacionales son algunos de los aspectos que más marcaron a este expatriado, así como los ya mencionados contrastes: la riqueza y la pobreza, la polución desmesurada que sufre Varsovia y la cantidad de espacios verdes de esta ciudad... 

La gastronomía es una mezcla entre germana y eslava, y las salchichas, el pierogi y el vodka son algunos de los reyes indiscutibles del elenco culinario polaco. La bebida destilada es la estrella principal y un símbolo de encuentros sociales. «El vodka en cada reunión familiar está presente, y si vas a casa de alguien, te ofrece y no bebes algun chupito se lo puede tomar como un desprecio», dice. Una de las celebraciones que más sorprendió al moscón fue la forma en que se festejan las bodas. «Son muy interesantes, con juegos y bailes divertidos. Hay siempre una mesa de pueblo con vodka casero y embutidos tradicionales. Comen bailan y beben literalmente sin pausa», explica. 

 Su querida Asturias, siempre presente

«Ahora que soy un turista en mi propia tierra aprecio mucho mas los pequenos detalles, como escanciar la sidra», narra Jaime Rodríguez, que ha reducido sus visitas a su tierra natal desde que se cerró el vuelo de Santander desde Polonia, aunque exprime al máximo sus visitas a la tierrina, y aprovecha cada viaje con la empresa a la península para hacer una escapada exprés a la comunidad. El paso de los años no parece cambiar nada en su región de origen, hecho que agradece en varios aspectos pero que critica que haya cosas que no cambien. «Lo malo se mantiene o empeora: hay menos vuelos internacionales, seguimos pagando por heredar, cierre de industrias, los jóvenes se van fuera... y los culpables siguen ganando elecciones. Creo que nos merecemos algo mejor», reflexiona. 

«Al salir me di cuenta de lo afortunado que soy de ser asturiano», valora Rodríguez, que compara la calidad de vida en su país natal y Polonia y considera que en España se vive mejor. «Una vez que sales de España y comparas, te das cuenta de que somos unos privilegiados en calidad de vida, sobre todo en el norte», apunta. Jaime Rodríguez se alegra de lo bien que le va en Varsovia, aunque su amor por Asturias sigue muy fuerta. Tal es así que tiene muy claro que su futuro quiere que pase por su tierra natal. «En Asturias es donde espero formar una familia y morirme», sentencia.

 

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