De México a la «joya escondida»: una aventura asturiana por amor

Andrés Hinter es un joven mexicano que reside en Dublín y que, con 13 años, se mudó con su madre y su hermano a Asturias

Andrés Hinter, en Dublín
Andrés Hinter, en Dublín

Redacción

El amor todo lo puede, incluso el cambiar drásticamente de aires tras una vida en tu país de origen. Este es el caso de Andrés Hinter, mexicano de origen, que tras doce años residiendo en Ciudad de México se mudó junto a su madre y su hermano a Asturias. Fue en 2005, a raíz de la relación de su progenitora con un asturiano que vivía en esa megaurbe, que le hizo embarcarse en una nueva aventura en familia que les llevó a Oviedo. Pese a contar con ofertas para trabajar en Detroit o Toronto, tuvieron muy claro que su futuro pasaba por cruzar el charco y llegar a la tierrina. Su adaptación a su nueva vida no fue fácil, como el propio Hinter reconoce, pero sus vivencias y experiencias en la región le influyeron de tal modo que, como bien dice, no pudo evitar subirse «al carro del orgullo asturiano».

Su infancia en Ciudad de México fue feliz, rodeado de sus familiares y con una amplia oferta cultural y gastronómica propia de una urbe de este tamaño, aunque señala algunos aspectos negativos de este tipo de capitales, como son la corrupción, el tráfico o la inseguridad. Sin embargo, estos no fueron las razones de su marcha de su localidad natal, sino algo mucho más poderosos: el amor. Sus padres se divorciaron, y su madre llevaba varios años de relación con un asturiano que vivía en la capital mexicana, hecho crucial por el que se movieron a Asturias. Dejar tu vida atrás con trece años y comenzar una nueva en un país a miles de kilómetros, a pesar de contar con el mismo idioma, es un paso muy difícil para cualquier persona, y más con 13 años. Sin embargo, desde el principio este joven descubrió que la comunidad era una «joya escondida» que afirma «lo tenía prácticamente todo».

 Doce años después de su llegada a la comunidad, Hinter partió a Irlanda. Su marcha de la tierra donde ha pasado casi la mitad de su vida se debió al interés del joven en descubrir y viajar por otros países, inquietud que descubrió durante su año de Erasmus en Bochum, Alemania. Tal es su interés en temas de política exterior que trabajó durante seis meses en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, una experiencia que le valió para que una importante empresa de Dublín le llamara para trabajar en la ciudad irlandesa, donde el propio asturmexicano explica que el clima asturiano le sirvió de entrenamiento para hacer más llevadero el tiempo irlandés. Su pasión por la música y la cerveza favorecieron que su integración en esta ciudad fuese mucho más rápida, además de que el entorno empresarial en el que se desenvuelve cuenta con muy buenas posibilidades de crecimiento a nivel profesional, según manifiesta este joven.

 Aunque el acento irlandés pueda resultar difícil de entender, el carácter abierto y amable de sus ciudadanos permite que los extranjeros se sientan muy bien acogidas al llegar. Por otra parte, si bien Dublín se trata de una ciudad industrial, Hinter elogia la gran oferta de pubs, bares y restaurantes con los que cuenta, así como la calidad de la cocina irlandesa, en la que destaca el estofado irlandés de Guinness, el desayuno irlandés y la crema chowder de mariscos. «En lo personal me encanta el marisco, siempre acompañado de una Guinness bien fría», añade. El fútbol gaélico, junto al hurling, son los dos deportes más populares del país, y mueven tal cantidad de aficionados que la final de 2018 llevó a 83.000 espectadores a abarrotar el estadio de Croke Park. «No es un deporte profesional, pero el nivel y el espectáculo son una maravilla», apunta.

Parafraseando a Melendi, el asturmexicano señala su apego a Asturias a pesar de la distancia. «Cuanto más lejos estoy más asturiano me siento», confiesa Hinter, que recuerda con nostalgia las fiestas de prao o las tardes de sidra. Sus deseos de visitar con frecuencia su «joya escondida» se topan con la realidad de las malas conexiones aéreas de la región. «El problema son las conexiones internacionales con Asturias, casi inexistentes. Siempre hay que volar a Santander, Bilbao o Madrid, lo que dificulta hacerse una escapada de fin de semana», lamenta. Sus visitas a Asturias le permiten descubrir que todo sigue igual en la comunidad, aunque afirma que gran parte de las personas con las que creció se han ido a otras ciudades. Media vida en México y media vida en Asturias. La historia de Andrés Hinter: el asturmexicano que se mudó a la tierrina por una cuestión de amor.

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