La casualidad de «tropezarse» con una beca Erasmus

Carla Mesa, una estudiante avilesina de ciclo superior, descubrió casi sin querer esta oportunidad. «Es una experiencia inolvidable, te hace madurar»

Carla Mesa durante su estancia Erasmus en Reggio Calabria
Carla Mesa durante su estancia Erasmus en Reggio Calabria

Redacción

La «experiencia Erasmus» siempre ha sido una de las más atractivas para cualquier estudiante. Ya en la universidad o en ciclos formativos es muy común que la idea de vivir durante un tiempo en un país extranjero ronde por la cabeza de muchos de los alumnos, aunque a otros simplemente les llega como una casualidad. Este es el caso de la avilesina Carla Mesa Vega, quien pasó unos meses en Reggio Calabria, Italia, gracias a la beca erasmus que disfrutó durante el último curso del ciclo superior de Gestión de Ventas y Espacios Comerciales. «Era algo que no me había planteado hasta empezar el ciclo. El primer año me informaron sobre ello ya que sacaba buenas notas, y me dijeron que podía entrar en el programa más fácilmente. Me empezó a llamar la atención la idea y tras hablarlo con mi entorno, me animaron a hacerlo».

Carla comenzó el proceso de papeleo para aplicar a la beca junto con otros tres compañeros. Todos ellos contaron con el apoyo de una de sus profesoras, que les guio a la hora de encontrar el destino ideal. «Ella (la profesora) tiene un familiar que organizó un erasmus en Reggio Calabria, por lo que sabía que era un lugar agradable y de los más baratos de Italia. Esto último era importante, ya que la beca Erasmus para universitarios y estudiantes de Ciclos Superiores, como es mi caso, es de apenas 1.000 euros».

Erasmus para trabajar

En el frío mes de febrero, y tras tres vuelos, el primer contacto de Carla con Italia fue Roma. «Nunca había estado en Italia y la verdad que me sorprendió. La gente es muy agradable e intentan ayudarte en lo máximo posible sabiendo que eres de otro lugar y no conoces el idioma». Una de las principales diferencias de la beca Erasmus para los universitarios y para los estudiantes de ciclo, es que los primeros dedican su estancia a estudiar, mientras los segundos van a realizar prácticas trabajando en su sector. «Trabajé en una tienda de ropa y, a pesar de que yo no sabía nada de italiano, la gente intentaba comunicarse en inglés o incluso en español. Usaban el traductor, te enseñaban todo lo que podían, y repetían las cosas varias veces si hacía falta».

Tras los dos meses que duró la estancia de Carla en Reggio Calabria, era hora de volver a casa y hacer balance de la experiencia. «Fue incluso mejor de lo que cualquiera de nosotros se hubiera esperado. He conocido a mucha gente con la que he hecho amistad de otros lugares de España, también con gente local, y he conocido lugares nuevos que ni me imaginaba que podría haber visitado. Es una experiencia que en conjunto, y estando distanciado de tu familia y amigos, te hace madurar. Desde luego es una experiencia inolvidable y muy bonita de vivir, por lo que se la recomendaría a cualquiera».

Tras una vivencia como esta, y si todo sale como se esperaba, es normal que al volver a casa uno se plantee si vivir en el extranjero es algo que les gustaría volver a repetir o, quien sabe, hacerlo permanente. «Me plantearía irme a vivir al extranjero pero con amigos, pareja o familiares, y sólo durante unos años, ya que me gustaría tener una estabilidad cerca de mi familia y amigos. Me he dado cuenta de que puedo enfrentarme a muchas cosas, como aprender un idioma distinto en poco tiempo, resolver problemas de la manera más eficaz posible, o aprender a vivir compartiendo piso con amigos y no familia. El lugar sería lo de menos, mientras me encontrase cómoda con el estilo de vida y la gente de allí».

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