Cómo se vive desde dentro el día de la independencia de Checoslovaquia

La sierense Andrea Avello, alumna erasmus en la ciudad de Olomouc, ha tenido la oportunidad de vivir esta experiencia de primera mano

Andrea Avello en su viaje a Kromeritz.
Andrea Avello en su viaje a Kromeritz.

Redacción

Andrea Avello es una estudiante de Magisterio de Educación Primaria que está viviendo actualmente una de las mayores aventuras de su vida. Como estudiante universitaria, se le ha presentado la oportunidad de disfrutar de una beca Erasmus, y no la ha dejado escapar. Avello trasladará su casa durante diez meses de Bendición, un pueblo perteneciente a la parroquia de Valdesoto, en Siero, A Olomouc, en República Checa. Siempre se ha sentido atraída por la idea de estudiar fuera, para conocer otros países y culturas, por lo que no lo dudó y comenzó a tramitar su beca erasmus para estudiar en Praga, aunque finalmente le asignaron su segunda opción, Olomouc. «Es algo de lo que me alegro, porque es una ciudad más tranquila y no tan turística como Praga», explica Avello. En este destino ha tenido la oportunidad de vivir, en el poco tiempo que allí, un momento único: La celebración de la independencia de Checoslovaquia.

Anualmente, y desde el momento de su independencia en 1918, en República Checa conmemoran este día que marcó la historia del país cada 28 de octubre. Avello pudo disfrutar de los eventos que organizaron en Olomouc, entre ellos un concierto que se realizó en la plaza principal de la ciudad. Tras el concierto, los asistentes se dirigieron a la facultad en la que ella estudia allí, la de Pedagogía, donde se alza una estatua de Tomá? Masaryk, el fundador de la república de Checoslovaquia. «Todo el mundo se concentró alrededor de la facultad, sonó el himno de la República Checa y a continuación empezó el que fue sin duda el espectáculo pirotécnico más bonito que he visto en mi vida. Y aunque los checos parecen personas frías, ese día todos salieron a la calle a celebrar, se les veía felices, había muy buen ambiente», explica la sierense. «Además, como se aproximaba Halloween, muchos niños estaban disfrazados y todos llevaban farolillos, y al ser de noche, se veía muy bonito. He de decir, que yo también me compré un farolillo, no me pude resistir. Fue un día muy especial a pesar del frío que hacía», añade Avello.

Andrea Avello en uno de los parques de la ciudad de Olomouc
Andrea Avello en uno de los parques de la ciudad de Olomouc

A pesar de estas experiencias únicas, la aventura fue novedosa para la estudiante desde el primer momento. Nunca había visitado el país, por lo que no podía evitar sentir cierto miedo al pensar en ello. «Iba a ciegas, pensando en qué pasaría si no me llegase a gustar el sitio. Pero cuando el avión comenzó a descender y vi la ciudad de Praga bajo mis pies, casi me echo a llorar de la felicidad que tenía de estar allí y de lo bonito que era todo», cuenta Avello con emoción. A pesar de este miedo inicial, parece que todo marcha sobre ruedas. Una de las cosas que la joven temía más, era notar demasiado la diferencia entre su pueblo y la ciudad, ya que está acostumbrada a vivir rodeada de naturaleza. «Desde la residencia tengo una terraza con vistas a un césped con árboles y al lado hay un parque enorme, atravesado por un río y con un jardín botánico, y a lo largo de la ciudad hay otros dos parques más, así que estoy muy contenta», explica felizmente Andrea Avello.

Durante estos diez meses se alojará en una residencia que gestiona su universidad de destino, donde ha coincidido con otros estudiantes erasmus españoles, lo que le hace sentirse más como en casa. Con sus compañeros vive el día a día de un estudiante universitario en Olomouc. «Tengo clase de lunes a jueves tengo de una a tres horas diarias de clase, por lo que tengo bastante tiempo libre, y lo suelo emplear en ir al gimnasio, hacer trabajos de la universidad, salir a dar una vuelta o descansar», explica Avello. Sin embargo, los fines de semana son mucho más atractivos, ya que en grupo, aprovechan para realizar algún viaje o una excursión exprés a algún pueblo cercano si los trabajos o exámenes de la universidad se lo permiten.

Andrea Avello con sus compañeras de Erasmus en su viaje a Ostrava
Andrea Avello con sus compañeras de Erasmus en su viaje a Ostrava

A pesar de lo feliz que está viviendo esta experiencia, Andrea Avello no puede evitar echar de menos diferentes aspectos del estilo de vida asturiano, y encontrar diferencias algo más complicadas de llevar. «A las seis de la tarde ya es de noche, y me han dicho que en invierno oscurece a las cuatro de la tarde por el cambio de hora, esto hace que inevitablemente la gente tenga otro ritmo de vida», explica Avello. Y a pesar de que no le tuviese miedo al frío, parece que tendrá que replanteárselo teniendo en cuenta que a principios de octubre hubo temperaturas de 0ºC y -1ºC. Como no podía ser de otra forma, la comida es algo que inevitablemente la sierense echa de menos. «Echo bastante de menos el pescado porque al ser República Checa un país interior, no llega mucho y el poco que llega suele ser caro. En general echo de menos la gastronomía y productos españoles porque, aunque aquí hay de todo, no es de la misma calidad, el sabor no es el mismo, y más si hablamos de los productos «de casa» como quién dice, porque yo estoy acostumbrada a comer huevos y carne y a beber leche de los animales que criamos y a comer verduras y hortalizas que cultivamos en la huerta», detalla Avello.

Sea como fuere, la experiencia está siendo única para la sierense, y se lo recomendaría a todo el mundo. «Te abre mucho la mente ya que conoces a mucha gente de otras culturas.  Te sirve para practicar idiomas y viajas para conocer sitios espectaculares. Aprendes a ser más independiente, a gestionarte económicamente… creces como persona en todos los sentidos y lo más bonito de todo es que al final de esta experiencia te llevas un montón de recuerdos y vivencias y una nueva familia», asegura.

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