Quitar prejuicios a golpe de voluntariado

Pablo Rodríguez-Arias cuenta en primera persona su experiencia proveyendo mecanismos de protección a mujeres supervivientes de violencia de género, en Jordania

Pablo Rodriguez-Arias, en el voluntariado en Jordania
Pablo Rodriguez-Arias, en el voluntariado en Jordania

Redacción

Hace ya casi tres meses que un país nuevo, diferente, me acoge. Tres meses desde que empezó la adaptación a una cultura muy distinta, unos tiempos de trabajo diferentes y un modo de vida que hasta el momento no había conocido. Tres meses no son nada, pero me han servido para quitarme un montón de prejuicios de encima y aprender mucho de Jordania.

Me presento. Soy Pablo, una de tantas personas exiliadas laborales de Asturias. Actualmente trabajo para Alianza por la Solidaridad en Ammán, Jordania, en el marco de la iniciativa europea EU Aid Volunteers. Los proyectos que desarrollamos se relacionan con la ayuda humanitaria derivada de la crisis siria, tratando de proveer mecanismos de protección a mujeres supervivientes de violencia de género. En su mayoría son refugiadas, desplazadas tras el conflicto sirio que comenzó en 2011 y que aún no conoce fin, pero también se benefician mujeres jordanas.

Pablo Rodriguez-Arias, en su voluntariado en Jordania
Pablo Rodriguez-Arias, en su voluntariado en Jordania

El equipo que trabaja aquí en terreno se conforma tanto por personas voluntarias como trabajadoras, ya sean locales, como extranjeras. La labor de todas y cada una de ellas, fundamental para la correcta implementación de los proyectos. Y es que, si el mundo de la cooperación es uno complejo, cuando se introduce la variable de emergencia humanitaria, todo se hace mucho más difícil por la entrada de distintos actores y por la inmediatez que se requiere.

En este contexto, el conocimiento local es clave para comprender bien las necesidades y averiguar la mejor manera de ayudar a las mujeres beneficiarias. Mujeres con y sin hiyab trabajando de la mano para mejorar la vida de otras mujeres. No se me ocurre mejor manera de ejemplificar lo que puede hacer la empatía humana ante ciertos discursos xenófobos que imperan hoy a sus anchas en nuestro país.

Pablo Rodriguez-Arias, en Jordania
Pablo Rodriguez-Arias, en Jordania

Otra buena manera resulta precisamente la que titula este artículo, el voluntariado. La movilización del sector más joven de nuestra sociedad resulta clave para lograr el cambio social que tantas deseamos. Experiencias así conciencian, vaya si lo hacen, y te demuestra que la forma de vida occidental no es necesariamente la idónea ni, por supuesto, la única.

Y es que me he ido dando cuenta durante estos meses que, aunque yo creía que no, venía con la maleta llena de ropa, pero también de prejuicios. Prejuicios que día a día se han ido diluyendo, gracias a un pueblo jordano que destila cercanía y calidez en cada esquina de Ammán. Y, por supuesto, respeto ante unas costumbres y cultura muy diferente a la mayoritaria, pero que aceptan e integran como si fuera suya.

Proseguiré con esta experiencia durante unos meses más, al menos, tratando de aprender lo máximo posible así como trataré de poner mi grano de arena para perseguir una sociedad más justa, inclusiva y equitativa, que a fin de cuentas, son los dos principales por los que me decidí a involucrarme en esta experiencia.

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