Un volcán de noticias falsas

El relato de un asturiano en Filipinas tras la erupción del volcán Taal


Según una leyenda del pueblo tagalo, el guardián de Taal, viendo cómo los lugareños plantaban tabaco en una zona prohibida, hizo levantar de cuajo la cima de la montaña revelando el volcán que había en su interior. El humo que sale del mismo no se detendrá hasta que el guardián se haya fumado todo el tabaco que fue plantado sin permiso.

Desafortunadamente, hay veces en las que la geología es mucho más cruel que las leyendas. El domingo por la noche, varias áreas de Manila empezaron a oler como aquellas «narcosalas» durante los primeros meses tras la prohibición del tabaco en lugares públicos. El volcán Taal, situado en la cercana región de Batangas, había comenzado a expulsar gases. Casi medio millón de personas vive muy cerca del mismo. Taal muestra gran actividad desde el domingo y está a la espera de una erupción explosiva, según alerta Phivolcs, el Instituto Filipino de Sismología y Vulcanología. Las señales de alerta recuerdan a las del año 1911, en el que un acontecimiento similar se llevó mil quinientas vidas por delante. El número de personas evacuadas en la región de Batangas supera las 30.000 y las autoridades declaran ya la zona cercana a Taal como una ‘tierra de nadie’ a la que ningún habitante debería volver.

De forma similar a las cenizas que se elevan a kilómetros de altitud, llegando incluso a la ciudad de Manila, los bulos y las noticias falsas han emergido como un marasmo de información tóxica, incluyendo avisos sobre terremotos de 7 puntos y tutoriales sobre la manera más efectiva de convertir una compresa en una mascarilla para evitar la contaminación. Mención aparte merecen ciertos medios perezosos cuyas búsquedas en Google están dando paso a una oleada de familiares aterrorizados que desde hace días me contactan por teléfono y mensajes para preguntar si ya corren los ríos de lava bajo mi ventana o qué hago viviendo al lado de un volcán.

Al margen de la tragedia humana que se desarrolla en Batangas, esta primera ración de fake news volcánicas debería servir como una señal más para alertarnos, como una suerte de sismógrafo ético, de la catástrofe que un pobre desempeño del oficio puede desencadenar en el periodismo. Más aun teniendo en cuenta que, en Filipinas, la realidad tiende a superar a la ficción. Preguntado por la idoneidad de visitar la zona afectada debido a sus problemas de salud, el presidente Rodrigo Duterte declaró «me comeré la ceniza, si es necesario. Y mearé sobre ella, maldita sea». Fin de la cita.

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