La danza colombiana pierde a su embajador asturiano

Celestino Tino Fernández fallece tras una vida dedicada a la danza y el espectáculo, desde el otro lado del charco

Tino Fernández
Tino Fernández

Redacción

Celestino Tino Fernández nació en Navia en 1962. Comenzó a formarse en arte dramático en Madrid antes de mudarse a París, a principios de los años 80, donde se introdujo de lleno en el mundo de la danza. Ahí comenzó su carrera como bailarín. Y fue en 1991 cuando decidió crear su propia compañía L’Explose, «con la idea de construir un universo donde la danza fuera la punta del iceberg del flujo emocional y donde el movimiento consiguiera hablar de la complejidad del ser humano», de la que sería coreógrafo y director hasta su muerte, el pasado viernes 17 de enero, en la clínica Reina Sofía de Bogotá. El asturiano permanecía ingresado en dicha clínica por complicaciones derivadas de la enfermedad que padecía.

En 1995 comenzó el viaje que daría un vuelco a su vida para siempre. Se trasladó a Colombia, llevándose consigo la compañía. Allí, descubrió un país donde el concepto de bailar era completamente diferente. «Me di cuenta que la gente construía emociones a través del baile, como si el mundo sentimental estuviera escrito en el cuerpo», solía decir el asturiano, según sus propias palabras en la web de L’Explose.

Desde su llegada al país, participó activamente en la escena cultural y fue adentrándose y conociendo más y más sobre la danza, que podía contar grandes cosas sobre Colombia. Allí, Tino Fernández se convirtió en todo un referente de las artes escénicas, gracias, en parte, a la inauguración de La Factoría, donde se presentaron montajes y espectáculos de la danza colombiana.

Algunas de sus creaciones fueron coproducidas por importantes instituciones del mundo del espectáculo, como el Mercat de les Flors de Barcelona, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo o la orquesta Filarmónica de Bogotá. Además, en sus trabajos, el universo femenino fue el gran protagonista. Su fallecimiento ha provocado una gran conmoción en el mundo cultural y artístico del país, donde se le consideraba un embajador de su danza. «Quizá el escenario permite decir todo aquello que en la vida callamos, por lo que cada obra se convierte en una gran confesión sobre la escena», son palabras del propio asturiano. Ahora, los escenarios lloran la pérdida del coreógrafo que durante toda su vida nunca dejo de hablar en los escenarios.

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