Una química en Nottingham: profesora para los universitarios y maga para los más pequeños

La ovetense lleva 13 años residiendo en Reino Unido, donde se dedica a la docencia e intenta inculcar el amor hacia la química desde las aulas

La ovetense Bárbara Villa junto con su marido y su hija
La ovetense Bárbara Villa junto con su marido y su hija

Redacción

Bárbara Villa lleva más de una década fuera de Asturias, y todo gracias al amor. El amor por la química concretamente, aunque finalmente otro tipo de amor terminó por convencerla para echar raíces en Liverpool. Tras comenzar su aventura en Reino Unido hace ya 13 años a través de la universidad, ya que realizó un erasmus durante su último año de carrera, Villa tuvo la oportunidad de regresar al país para realizar su doctorado.

Fue entonces cuando el amor llamó a su puerta, y terminó por fijar su residencia en la ciudad inglesa. «Mi abuela le rezó a San Antonio todo mi año de Erasmus para que no me enamorase y volviese a Asturias, pero después, con el doctorado, a mi abuela se le olvidó seguir rezándole y conocí al que ahora es mi marido», cuenta la ovetense. En cuanto terminó su formación, Villa consiguió un puesto de trabajo en la Universidad de Leicester, y actualmente continúa dedicándose a la docencia, contando con un puesto fijo como profesora en la Universidad de Nottingham.

Para Villa, dedicarse a la docencia en el área de química no es simplemente un trabajo, sino que va más allá. De hecho, no solo se centra en enseñar a los universitarios, sino que también busca, a través de la magia, inculcar a los más pequeños la pasión por la ciencia. «Voy bastante a colegios, a trabajar con los más pequeños haciendo una demostración mágica de química para motivarles a que la estudien, que lo vean como algo divertido», explica la profesora.

Esto se ha convertido en parte del día a día que la ovetense lleva, junto con su marido y su hija. Él es inglés, y aunque no le importaría mudarse a España, en su momento no era una opción viable. Cuando Villa terminó su doctorado en 2011, la situación laboral en España no pasaba por uno de sus mejores momentos, y actualmente la pareja ya se ha establecido en Inglaterra.

La química ovetense Bárbara Villa en uno de los colegios en los que imparte sus talleres de química mágica
La química ovetense Bárbara Villa en uno de los colegios en los que imparte sus talleres de química mágica

«Durante la carrera tenía pensado dedicarme a la investigación, con lo cual me imaginaba que haría estancias en el extranjero. Sin embargo, nunca me había planteado vivir de manera definitiva fuera de España. Si soy sincera, aún tengo la sensación de estar de paso a veces, aunque me haya comprado una casa, etc. Siempre te queda el gusanillo de volver», explica Bárbara Villa. A pesar de que la ovetense considera que en Asturias existe una mayor calidad de vida que en Inglaterra, es consciente de que profesionalmente ni ella ni su marido, también químico, tienen oportunidades laborales en el Principado.

«Quizás a España si volvamos. Nos hemos pasado varios años intentando juntar nuestros trabajos en la misma ciudad y se hace un poco bola ponerse a buscar algo para los dos en el mismo sitio en España. Además, yo aquí soy profesora de universidad y ya no me dedico a la investigación «tradicional» de química, sino a investigación pedagógica en el ámbito de la química y es algo que en España no se contempla a la hora de dar puntos para un puesto en universidad», explica Villa.

Bárbara Villa recuerda con cariño sus primeros años en Liverpool. Como anécdota explica que, a pesar de estar familiarizada con el inglés antes de partir hacia Inglaterra, el acento de esta ciudad, famoso por su complejidad, se le hizo cuesta arriba. «El primer día que fuimos los 3 españoles de Erasmus de químicas a la facultad, la secretaria nos echó un rollo que no entendimos nada, y decía todo el tiempo: «Olrrrise, olrrrise» (All right? All right? que significa «¿de acuerdo?»). Al salir, uno de mis compañeros dijo «ni idea de lo que decía, pero era sobre comida porque no dejaba de hablar de arroz» (rice)», rememora.

De la ciudad recuerda que en un primer momento le impactó lo poco cuidada y sucia que le pareció. Por aquel entonces corría 2006 y en 2008 fue cuando Liverpool fue nombrada ciudad europea de la cultura, lo que ha hecho que la situación mejore bastante según Villa. A pesar de ello, asegura que le «fascinó la multiculturalidad. Hay gente de todos los países, razas, religiones y desde que estoy aquí he aprendido muchísimo y soy más empática».

Bárbara Villa en su despacho de la Universidad de Nottingham
Bárbara Villa en su despacho de la Universidad de Nottingham

Tras siete años en Liverpool Villa se mudó a Nottingham, lugar en el que actualmente reside con su familia. Acostumbrarse al estilo de vida inglés no fue difícil, aunque siempre hay cosas que se echan de menos. La vida en el hogar es más común, ya que el clima y los días cortos del invierno no favorecen a disfrutar del aire libre. Cuando sale del trabajo, hacia las cinco de la tarde, recoge a su hija de la guardería, desde donde se va con ella a casa o al parque. «No suele haber muchos niños en el parque (por no decir ninguno) a esas horas incluso en verano. A las 7, la bañamos y a la cama a las 7:30. Nosotros seguimos haciendo horario español y cenamos sobre las 9pm. Los fines de semana hay que aprovechar las mañanas al máximo en invierno porque después de la siesta ya es de noche y hay poco que hacer», explica la ovetense.

En cuanto al estereotipo del británico serio o borde, Villa tiene claro que dista mucho de su realidad. «La gente es muy amable, pero hay una clara diferencia entre el norte y el sur. En el norte son más abiertos, y la gente te ayuda más», cuenta. Lo que si es cierto es que en su entorno poca gente conocía sus orígenes, Asturias. «Nadie lo situaba en el mapa a excepción de aquellos a los que les gusta andar en bici, que lo conocían por La Vuelta Ciclista España. Conocen más la costa mediterránea, como Barcelona, Málaga, Mallorca… Lo que me ayudó mucho fue que Villa fuera fichado por el Barcelona. Ya no tenía que deletrear mi apellido: Villa, como el jugador de futbol», bromea la ovetense. Tras tantos años en Reino Unido, y a excepción de su familia y su éxito laboral, ¿qué ha podido conseguir la química? Pues algo que, aunque lo parezca, no es nada fácil. «¡He convencido a mis padres de que en Reino Unido no se come mal! Solo hay que saber a dónde ir, pero ahora están encantados cuando vienen».

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