La fantasía de una au pair: una familia maravillosa y no querer volver

La joven Olaya Álvarez se mudó al país germano en agosto de 2017 para aprender alemán. Ahora se imagina una vida entera en su nueva nación de residencia

Olaya Álvarez en el lago Walchensee
Olaya Álvarez en el lago Walchensee

Redacción

Olaya Álvarez es una joven, natural de Nava, que estudiaba el grado de Lenguas modernas con Minor en Comunicación en la Universidad de Oviedo. En agosto de 2017 tomó la decisión que, sin saberlo por aquel entonces, le cambiaría la vida para siempre. Puso el ojo en Alemania, concretamente en Múnich, porque en su cuarto curso en la universidad le faltaban por aprobar las asignaturas de alemán. Y qué mejor manera de aprender el idioma que yéndose al país. Eso hizo, buscó una familia para irse de au pair, cuya experiencia fue maravillosa, y comenzó su nueva vida. Desde entonces, no ha vuelto a vivir en el Principado.

Su primer año allí, disfrutó como si se tratara de «un segundo Erasmus», pero, una vez acostumbrada a la nueva vida, «me puse las pilas y terminé la carrera». Esos 24 meses vivía con una familia numerosa, con tres pequeños de 9, 4 y 2 años. «Yo me dedicaba a despertarlos por las mañanas, hacerles el desayuno y llevar al pequeño a la guardería», explica la joven. Luego, cuando los niños estaban en la escuela, Olaya tenía tiempo libre que o bien dedicaba a sus hobbies o aprovechaba para ir al curso de alemán. El 7 de julio del pasado 2019, tras dos años en el país germano, salieron los resultados: había terminado el grado. «Por aquel entonces no tenía muchas ganas de volver a España, y si volvía tampoco sabía qué hacer ya que las fechas de inscripción de los másteres habían terminado», cuenta.

Con el título bajo el brazo, se puso a enviar currículums para encontrar trabajo allí. De todos los enviados, recibió el visto bueno de tres. «Tuve la suerte de poder escoger», cuenta. Escogió trabajar en un hotel, donde asegura que es feliz porque «me gusta muchísimo la vida de aquí, ver ambiente todo el tiempo». Así que, no había más que hablar, se puso a buscar casa, y la encontró, sin apenas inconvenientes. «Parece que se alinearon todos los astros para que yo me quedase a vivir aquí», cuenta, entre risas, la joven.

La vida trabajando en el hotel le apasiona, porque además está permanentemente en contacto con gente de diversas partes del mundo y «hablo en español con unos, italiano, con otros, alemán con los de aquí e inglés con los de más allá. ¡Tengo un jaleo de idiomas!», asegura. Lo que menos le gusta de su nueva vida, son los horarios de trabajo, «porque voy por turnos y a veces no tengo nada de vida social», pero asegura que, si consiguiera un horario fijo, «podría a quedarme trabajando en el hotel toda la vida». Con su familia alemana todo fue maravilloso, tanto que sigue manteniendo contacto con ella. «Hace poco fui a cenar y a tomar algo con ellos», cuenta. Además, cuando es el cumpleaños de alguno siguen llamándose y felicitándose. «Se portaron muy bien conmigo siempre y me presta mucho verlos de vez en cuando», cuenta la joven, que empezó de au pair, y ahora se ve viviendo en Alemania el resto de su vida.

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