Milán, de destino para una escapada a lugar de voluntariado europeo

El destino quiso que la ovetense Patricia Cortina obtuviera la plaza de voluntaria en la misma ciudad a la que se dirigía por ocio. Así, ligó su viaje a la estancia de nueve meses

Patricia Cortina, en las galerías Vittorio Emmanuele de Milán
Patricia Cortina, en las galerías Vittorio Emmanuele de Milán

Redacción

Hace apenas cinco meses, en octubre, Patricia Cortina se encontraba planeando junto a una amiga una pequeña escapada de cuatro días a Italia para el mes de enero. Concretamente a la ciudad de Milán, para disfrutar de un extendido fin de semana de la ciudad de la moda como bienvenida al 2020. Una vez que habían planeado y comprado todo al respecto, en noviembre, un profesor, que ya había vivido la experiencia, le comentó que había una plaza vacante para realizar un voluntariado europeo. Sin pensárselo dos veces, siguió su consejo y embarcarse en esta aventura. Así, lo que iban a ser cuatro días en el país mediterráneo, se convertirán en nueve meses que comenzaron el pasado mes de enero.

Fue el 17 de enero cuando aterrizó en Milán, para su viaje de cuatro días, pero, contra todo lo previsto cuando lo planificó, sin billete de vuelta. «Yo lo llamaría destino», asegura la joven, ya que la ciudad no la escogió ella, simplemente le tocó. Desde entonces, se encuentra en la Casa de la Pace di Milano, asociación nacida en 2001, que trabaja en la no violencia, el desarme, los derechos humanos, el interculturalismo, la gestión positiva de conflictos y la justicia social. La ovetense, concretamente, se dedica a trabajar durante la semana en diversas tareas de todo tipo, desde pintar camisetas hasta distintas manualidades con cosas recicladas como bolsas con paraguas rotos, o también llevar bocadillos, pasando por cursos formativos. También realizan «clases de italiano a las que pueden acudir niños, ya que en ese tiempo se cuida también de ellos». Además, cuentan con una vajilla, la cual la gente puede reservar todo tipo de cubiertos, vasos y platos para evitar que se compren de plástico y reducir el uso.

Si bien es cierto que, en la actualidad, por todo el tema de coronavirus, desde hace dos semanas y media, no está yendo a trabajar, situación que se alargará, por el momento, hasta el 3 de abril. «Básicamente, realizo teletrabajo», cuenta. Vive una situación en la que «no se sabe cómo actuar»: los supermercados se quedaban sin cosas «súper rápido» los primeros días, había que entrar en grupos de 10 personas… «Debido a que no hay ningún tipo de control, la gente está haciendo lo que quiere», explica la ovetense, y añade que «está en manos de cada uno acatar las normas». Por ello, Patricia no ha llevado una vida muy activa, pues ha seguido el protocolo del Ministerio de Sanidad italiano.

Casa per la pace

La asociación nacida en 2001, en su Carta de la Casa de la paz, añade una cita que deja claro cuáles son los pilares en los que trabajan: «Creemos que es importante que en Milán haya un lugar abierto a todos que pueda ser un punto de referencia estable y visible sobre los temas de no violencia, antimilitarismo e interculturalidad. Este lugar es para nosotros la Casa de la paz». Así, trabaja en todos estos puntos a través de la realización de cursos de formación con métodos participativos para adultos y niños sobre temas como gestión positiva de conflictos, bullying o educación en legalidad, entre otros; un centro de documentación abierto al público con más de 1.500 títulos; cursos e intervenciones del Teatro dell’Oppresso; escuela de italiano para extranjeros; participación en campañas de desarme y no violencia como la de la objeción a los gastos militares; laboratorios y actividades de decrecimiento, reciclaje y autoproducción; y/o actividades de conocimiento e información contraria sobre el conflicto entre Israel y Palestina.

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