Una asturiana confinada en Rumanía: «Se tomaron medidas muy exigentes desde el primer momento»

La ovetense Paula Lorenzana narra en primera mano cómo se vive el coronavirus en el país de Europa del Este, donde el número de casos positivos es mucho menor que en España

La asturiana Paula Lorenzana, con un grupo de amigos, en Rumanía
La asturiana Paula Lorenzana, con un grupo de amigos, en Rumanía

Redacción

Paula Lorenzana nació en Oviedo. Nadie se esperaba por aquel entonces, que, 23 años después iba a encontrarse viviendo en una ciudad innombrable de Rumanía. Cluj-Napoca es una importante ciudad de Transilvania, que la asturiana escogió para cursar su quinto año de Medicina porque la univesidad, UMF Cluj Napoca, tiene buen prestigio y las clases y las prácticas son en inglés. Además, como todo alumno de beca Erasmus, Paula se informó sobre la vida universitaria de la ciudad, como factor importante para embarcarse en esta aventura. Tampoco hace unos meses, cuando hacía las maletas para empezar la que la mayoría califica como la experiencia de su vida, se esperaba que casi el mundo entero estaría confinado. Y ella, habría escogido no solo una ciudad para disfrutar de su año, sino para pasar un momento histórico: una pandemia global. A diferencia de un porcentaje alto de asturianos, la ovetense decidió quedarse en el país de acogida, donde se tomaron, desde principios de marzo «medidas muy exigentes» . 

Paula vive en una residencia de estudiantes de Medicina, Odontologia y Farmacia, en la que solo hay estudiantes de Erasmus, y ahora, han tomado una serie de medidas para combatir el virus. No pueden estar juntos un gran número de personas (como máximo 3) y solo pueden salir a la calle para hacer la compra o ir a la farmacia. «Estamos agradecidos de estar todos sanos y haber podido continuar el curso aquí, aunque sea por vía online», cuenta la joven. El curso presencial fue cancelado el 3 de marzo, pero, como se trataba de una medida temporal, decidieron no volver a casa por si se retomaban las clases presenciales (que son obligatorias para poder presentarse al examen).

Poco después llegó la noticia de que sería temporal, pero se requeriría un mayor margen de tiempo para que todo volviera a la normalidad. «Decidimos quedarnos porque había mucho riesgo de contagio en el viaje, en España había mayor número de casos y no sabíamos si los exámenes finales de junio iban a ser presenciales u online», explica. Y es que Rumanía, un país que ronda los 20 millones de habitantes, apenas supera los 9.000 casos confirmados y no llega a las 500 muertes por COVID-19.

A pesar de las cifras, la ovetense asegura que se tomaron medidas «muy exigentes desde el primer momento». Se cancelaron las clases y se cerraron todos los locales de ocio cuando el número de casos era muy bajo, y, hace unos días, comunicaron que se ampliaba el estado de alarma hasta el 15 de mayo. «Sentimos que hay preocupación por el virus, las gente cumple las medidas y hay bastante policía por la calle», asegura la joven. Eso sí, no hay «desabastecimiento de los supermercados ni excesivo pánico colectivo en ningún momento».

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