Febrero de 1963: una mirada al inicio del viaje

El ovetense José Luis Morán Menéndez lleva 57 años viviendo en Bélgica, donde se fue a vivir con su familia cuando apenas tenía 5 años. Allí, montó en tranvía, en tren y vio nevar. Todo por primera vez

1963. La primera foto en Bélgica del asturiano José Luis Morán Menéndez, con 6 años
1963. La primera foto en Bélgica del asturiano José Luis Morán Menéndez, con 6 años

Redacción

José Luis Morán Menéndez nació en la capital asturiana, pero apenas permaneció en la región cinco años. Por aquel entonces, su padre había emigrado solo a Bélgica por cuestiones económicas en 1961. A mediados del año siguiente, fue la madre de Morán quien se aventuró y viajó a la capital del país flamenco para ayudar a su marido y tratar de, entre los dos, poder llevar a sus tres pequeños a vivir con ellos. Los niños, José Luis, Armando y Juan se habían quedado con su abuela y sus dos tías abuelas paternas. A finales de ese año, 1921, sus padres obtuvieron el permiso de trabajo A y el documento de identidad amarillo (para extranjeros no comunitarios), por lo que podían residir legalmente en el país. Entonces, su madre realizó el viaje de vuelta a por los chiquillos. El 6 de febrero de 1963 comenzó la travesía.

Los pequeños tenían 7 años, Juan, 5 años, José Luis, y 3 años, Armando, y sería la primera vez que viajarían en tren. Era miércoles, Morán lo recuerda perfectamente, y empezaba lo que sería toda una nueva aventura para la familia. El viaje se realizó en muy malas condiciones, teniendo que cambiar de vehículo hasta en cinco ocasiones. Era viernes, 8 de febrero, cuando los hermanos pisaron por primera vez Bruselas. Estaban en la estación de Midi, y ese día sería el día de las primeras veces. También vieron la nieve por vez primera. Una capa cubría la capital del país belga. No tenían memoria de haber visto jamás ese fenómeno meteorológico antes.

Allí, cogieron uno de los famosos taxis Mercedes de color naranja y se dirigieron a Anderlecht, su nuevo hogar. Su casa era un tercer piso, con calefacción y grande, a ojos de José Luis, quien recuerda ese día como su hubiera sido ayer. A las cinco de la tarde se reencontraron con su padre: volvían a ser una familia unida. Aprovecharon ese primer fin de semana para visitar, coger el tranvía por primera vez y conocer los lugares emblemáticos de la que sería su nueva ciudad: «Manneken Pis», la Grand-Place o la «Bourse», fueron algunos de ellos. El domingo aprovecharon para disfrutar de la nieve, como último día de vacaciones antes de que llegara la vida real. «Hicimos un muñeco de nieve gigante y nos sumimos en una guerra de bolas», cuenta Morán, quien asegura que «ese día se quedó grabado en mi memoria».

Vuelve el lunes

Les levantaron antes de que saliera el sol, desayunaron y su padre los llevó, bajo el frío helador de una mañana de febrero en Bruselas, a Juan al colegio y a los dos pequeños, Armando y José Luis, a la guardería. Fue un día para recordar. El pequeño José Luis no entendía francés, los niños no querían jugar ni con él ni con su hermano, la comida no les gustaba, «no era la de siempre», no entendían tampoco a las profesoras del jardín de infancia. «Fue un día difícil», resumen Morán. Así fueron los primeros días, todos iguales y difíciles. Pero llegó junio y los tres pequeños comprendían el idioma. Así, el curso siguiente José Luis comenzó el colegio y así hasta que se decantó por la carrera de contable.

Se ha dedicado durante 42 años al mundo de la contabilidad en diferentes empresas belgas. En 2019, a sus 62 años, tuvo derecho a la jubilación. Ahora, echando la vista atrás, al preguntarle sobre su experiencia como asturiano en el extranjero, le viene a la memoria esos primeros días, que no fueron fáciles, pero que le llevan a ser lo que es hoy. «No puedo decir nada malo de Bélgica: he podido estudiar, trabajar, ganar un sueldo… Todo lo que tengo es gracias a este país de acogida», cuenta. Aunque no olvida, ya no solo a su querida Asturias y España, sino tampoco a su natal Oviedo: «¡Soy carbayón!».

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