¿Quién es el que está ganando la batalla de la comunicación?

Los expertos ven más eficaz el discurso de los secesionistas, que no dudan en falsear los hechos y en recurrir al victimismo, que el del Gobierno, sin una clara estrategia de comunicación

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El Gobierno y los independentistas no solo están librando una batalla política, económica y legal, sino también otra muy importante, la del relato. Es decir, quién impone su punto de vista sobre lo que está pasando. La aplicación del artículo 155 acentuará el mensaje victimista de los independentistas, según los expertos en comunicación consultados por La Voz.

¿Quién está ganando la batalla de la comunicación?

Los independentistas. Para Carlos Barrera, profesor de Medios de Comunicación y Política de la Universidad de Navarra, la están ganando «tanto por méritos propios como por deméritos del rival, porque tienen una estrategia, política y comunicativa, desde hace años, mientras que el Gobierno ha carecido de ella» Y añade que «Rajoy ha creído en la ley, en la razón, pero no en la comunicación». Santiago Martínez señala que «la batalla diplomática y del derecho internacional es mucho más adversa y compleja para ellos, por lo que todos los actos de los independentistas están encaminados a ganar la batalla de la comunicación, que es donde tienen más margen de maniobra y pueden ejercer mayor presión». Para Fran Carrillo, «la distorsión de la realidad y la exageración han hecho que los independentistas lleven la iniciativa ante los medios y han conseguido que en España y fuera haya quien considere que las libertades y derechos democráticos se conculcan y hay represión estatal, presentando el incumplimiento de la ley como el derecho de un pueblo reprimido», añade. «Frente a estas falacias, el Gobierno ha reaccionado tarde en su política de comunicación», concluye. Jorge Francisco Santiago Barnés, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Camilo José Cela. Afirma que «no hay un vencedor claro en los medios de comunicación», pero «los independentistas están ganando la batalla internacional, ya que han logrado imponer su agenda».

¿Qué estrategia siguen las dos partes?

«La Generalitat trata de instaurar el mensaje del victimismo», asegura Barnés. Mientras, «el Gobierno defiende la estrategia comunicativa de la legalidad». Barrera destaca que, frente al «componente emocional» de la estrategia independentista, «el Gobierno ha optado por resaltar el racional, apelando a las consecuencias desfavorables de una posible independencia». Para Martínez, «las decisiones de los líderes independentistas buscan la reacción represiva del Estado para así justificar un discurso victimista y generar el efecto underdog, es decir, el apoyo compasivo a quien está siendo víctima de un situación adversa o injusta». En cambio, en el Gobierno «no hay estrategia». «Los independentistas usan la dicotomía populista pueblo-enemigo del pueblo para posicionarse, dentro de un calculado victimismo, arrogándose la representación total del colectivo catalán», señala Carrillo. Frente «al discurso victimista y falseado de Puigdemont», añade, el Gobierno carece de narración.

¿Qué mensajes calan más internacionalmente?

Los independentistas han usado la actuación policial del 1-O para, según Barrera, «hacer llegar mensajes de victimismo, de un Estado opresor de las libertades y contrario al diálogo». Por su parte, el Gobierno «ha acudido a la Unión Europea, donde sí cala el miedo a crear peligrosos precedentes de fragmentación de los estados y de ruptura unilateral de la legalidad». Carrillo estima que «en una primera fase, en mucha prensa internacional caló el mensaje de que Cataluña era un país ocupado y el Gobierno reprimía al pueblo catalán, pero poco a poco ese mensaje va influyendo menos». «Los independentistas han perdido gran parte de la credibilidad que parecían haberse ganado tras el 1-O», concluye.

¿Cómo va a influir la aplicación del artículo 155 en la batalla por el relato?

La propaganda independentista hará aún más hincapié en el victimismo. «Indudablemente, y de hecho ya lo están haciendo, incluso invocando paradójicamente la ruptura del régimen del 78, a la cual han contribuido de forma notoria», señala Barrera. «Intentarán magnificar todos los pasos que las distintas medidas llevadas al Senado contemplan: es el escenario del cuanto peor mejor», añade. «Influirá acentuando, de forma plañidera, su estrategia de mártir: la venta de lo que no existe, a base de repetirse, inyecta en la población la sensación de que puede ser posible», sostiene Carrillo. «El relato independentista ha sido victimista desde el minuto uno, pues saben que solo ejerciendo ese rol puede despertar el interés internacional», añade. «La Generalitat ha proyectado en el espejo de la realidad una visión modificada de los acontecimientos», asegura. «Así, quienes se han saltado la legalidad, las normas, faltaron al respeto a la oposición y evitaron el diálogo son quienes, paradójicamente, acusan al Gobierno de golpe de Estado, de no dialogar y de faltar el respeto al pueblo de Cataluña», concluye.

«El Gobierno debería humanizar sus mensajes»

La mayoría de los expertos consideran que el Gobierno debería cambiar su estrategia de comunicación. Incluso, según Martínez, primero debería tener una, «porque no es así, ya que Rajoy no se ha apoyado nunca en la comunicación». El consultor político señala que su comunicación debería ser «menos reactiva» y articular un «relato claro» que evite la confrontación y que se base en dos ejes: «Un tono pedagógico a nivel internacional y un tono conciliador de puertas adentro, desde el plano emocional también».

Barrera estima que «aunque llegue algo tarde, debería introducir componentes emocionales, humanizar sus mensajes hablando en nombre de, o defendiendo a, aquellos muchos catalanes que no desean la independencia, o no a cualquier precio». «Debería ponerles rostros y que sean percibidos como víctimas de una presión psicológica y social, que es una forma de violencia al menos tan despiadada como la física», añade. Carrillo aconseja a Rajoy que siga tres vías para ser más eficaz. En primer lugar, «que cree una narración poderosa sobre las ventajas de que Cataluña siga en España, presentando los dos escenarios posibles». Segundo, «que desmonte didáctica y firmemente el discurso perverso del independentismo, eligiendo mensajes menos en formato eslogan y más en clave explicativa». Y, por último, «que use sus recursos sentimentales y emocionales contra ellos». Barnés, sin embargo, estima que «el Gobierno debe mantener su postura racional del cumplimiento de la legalidad y la Constitución por encima de la emocionalidad».

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