Un equipo de la Universidad de Oviedo estudia en Gijón el uso de barreras para impedir el paso de la carabela portuguesa

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ESTUDIOS SUPERIORES

Investigación Carabela
Investigación Carabela

Los cambios en las corrientes marinas han hecho proliferar en las playas asturianas la presencia de estos animales cuya picadura es muy molesta

08 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada vez es más común la aparición de carabelas portuguesas en las costas asturianas. Estos animales, que no son medusas sino de otra especie llamada physalia, eran mucho menos comunes hasta finales de la pasada década, cuando, debido probablemente a cambios en las corrientes marinas, empezaron a proliferar en el Cantábrico. Con la mar en calma son bastante fáciles de ver. Tienen un globo violáceo transparente que flota y se percibe a bastante distancia, pero el peligro está oculto en el agua: sus largos tentáculos urticantes. Su picadura es dolorosa  y molesta, y para según qué personas, puede ser bastante perjudicial. Un equipo formado por investigadores de la Universidad de Oviedo en colaboración con el Instituto Español de Oceanografía y con el apoyo del Ayuntamiento de Gijón está trabajando en una barrera para impedir que los animales lleguen a las playas. Pero no es un trabajo fácil. 

Como explica Verónica Soto López, del Departamento de Ciencia y Tecnología Náutica de la Universidad de Oviedo, la primera dificultad está en conocer el comportamiento de esta especie, que no está muy estudiado. Desde hace dos años han capturado carabelas con ayuda del 112 de Asturias para estudiarlas en tanques especiales en el acuario y hacer experimentos sobre su comportamiento en la bahía cercana, monitorizados con drones. A partir de este estudio, han empezado a diseñar barreras que se pondrían en determinadas zonas de las playas para impedir que pasaran las carabelas. Son parecidas a las barreras de hidrocarburos que hay en casi todos los puertos, con una parte que flota en la superficie y queda parcialmente fuera del agua y una cortina que se introduce en el agua. La barrera para las physalias incluiría una cortina más larga que la de los hidrocarburos para dificultar más el paso.

Pero uno de los grandes problemas con que se encuentran las barreras es el propio comportamiento de las carabelas. «Es muy importante ver cómo interactúan las physalias con la barrera; si fuera una medusa, flotaría y se pararía sin problema; es algo que ya están haciendo en el Mediterráneo; pero las physalias son muy débiles, con el estrés o por alguna razón que no sabemos se desprenden los tentáculos, que en realidad son los que dañan; si se paran los globos en la barrera y se desprenden los tentáculos, no sirve de nada; tenemos que comprobar si en la interacción se desprenden o no, o si podemos lograr que con una cortina más larga se podrían parar: eso es lo más importante»

Investigación Carabela
Investigación Carabela

Hay otras cuestiones en el aire, como lidiar con las corrientes y el viento a la hora de colocar las barreras, y si éstas serán eficaces en este tipo de escenarios. Otra importante es el coste que puede suponer poner las barreras para cerrar totalmente una playa. Es posible que haya limitaciones para playas muy abiertas o extensas. «No va a servir para todas las playas», advierte la investigadora, que por otra parte sostiene que la solución sería intermedia. «Si se llega a poner una barrera no será para bloquear totalmente una playa sino tan solo una parte para que la gente se pueda bañar».

En cualquier caso, la idea del equipo de investigación es encontrar una solución para hacer frente a estos animales que obligan a desalojar completamente las playas una vez que se aprecia que se acercan a la zona de baños. No se sabe si la presencia de carabelas va a ir a más, porque tanto el comportamiento de las corrientes marinas como de los animales no es previsible. Pero todo indica que han llegado para quedarse, y en cualquier caso, en los últimos años ha habido un incremento notable. 

Hasta que lleguen las barreras, lo que hay que hacer es, en el momento que avistemos una, aunque no esté muy cerca de donde nos estamos bañando, salir inmediatamente del agua y avisar a los servicios de socorrismo para que desalojen la zona de baños. Porque aunque el globo de la superficie no se vea muy cerca, sus tentáculos son muy largos y pueden alcanzarnos desde varios metros de distancia.

Y si tenemos la mala suerte de que nos pican, lo primero será avisar al 112 o al equipo de salvamento de la playa y, a continuación, evitar cosas como rascarse, echar arena, alcohol u orina (este es un mito muy extendido que no tiene ninguna base; de hecho, es contraproducente). También hay que evitar lavarlo con agua dulce, que activaría aún más el veneno. Solo se puede limpiar con agua de mar. Y, en la medida de lo posible, tratar de intentar de la piel los filamentos que contienen el veneno con unas pinzas. Pero lo mejor es siempre contar con la ayuda de personal experto para este tipo de emergencias.

Por el momento, lo mejor es, sin duda, salir del agua en cuanto avistemos uno de esos temibles globos violáceos. Quizá en unos años, gracias al equipo de investigación, muchas playas ganen en tranquilidad, libres de carabelas portuguesas que podrán campar a a sus anchas en todas partes menos en las zonas en las que haya gente bañándose.