La Economía Social de Asturias impulsa en Sucre un programa de liderazgo juvenil y acceso a la salud que beneficia a más de 1.000 personas

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La Voz

ECONOMÍA SOCIAL

El proyecto promovido por ASATA cuenta con el apoyo y la financiación de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo

24 feb 2026 . Actualizado a las 10:22 h.

En el municipio de Sucre, en el departamento de Chuquisaca (Bolivia), muchas adolescentes y jóvenes siguen enfrentando realidades que condicionan su bienestar y su futuro: relaciones atravesadas por la violencia, embarazos tempranos, desinformación, miedo a pedir ayuda o servicios de salud que no siempre estaban preparados para atenderles con la cercanía y la confianza necesarias.

Frente a esta situación, se puso en marcha el proyecto “Liderazgo e incidencia juvenil para el ejercicio de derechos sexuales y reproductivos de adolescentes y jóvenes”, una iniciativa impulsada por ASATA junto a su socio local CEMSE y financiada por la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo. El objetivo fue claro: reforzar el ejercicio de derechos, prevenir las violencias y garantizar una atención integral y diferenciada para adolescentes y jóvenes.

El proyecto partió de una convicción firme: cuando las y los adolescentes cuentan con información rigurosa, espacios seguros, referentes de su misma edad y servicios de salud amigables, aumenta su capacidad de cuidarse, tomar decisiones informadas y romper la normalización de la violencia. Con esta mirada, la intervención combinó el fortalecimiento del liderazgo juvenil con la mejora estructural de los servicios de salud y el trabajo coordinado entre instituciones públicas.

Liderazgo juvenil que transforma entornos

Para activar el liderazgo juvenil, se realizó una convocatoria pública en unidades educativas, redes y espacios comunitarios, conformándose un grupo de 69 adolescentes líderes y lideresas (49 mujeres y 20 hombres). A lo largo de quince sesiones modulares, participaron en un proceso formativo centrado en fortalecimiento personal, autocuidado, educación integral en sexualidad, prevención de violencias y habilidades sociales.

En este espacio se trabajaron contenidos como autoestima, valores, autodeterminación, toma de decisiones, comunicación, resiliencia, proyecto de vida, género y masculinidades, entre otros. La formación no se limitó al aula: las y los jóvenes trasladaron el aprendizaje a la acción mediante proyectos sociales diseñados por ellos mismos, utilizando dinámicas lúdicas, expresiones artísticas y actividades participativas en centros educativos y barrios.

Gracias a estas iniciativas, se logró llegar a 1.105 adolescentes y jóvenes pares, replicando prácticas positivas de autocuidado, prevención de infecciones de transmisión sexual y VIH/SIDA, prevención del embarazo adolescente y prevención de violencias.

Además, 22 de estos líderes y lideresas (17 mujeres y 5 hombres) participaron en espacios formales de representación juvenil y exigibilidad de derechos. Dos de ellos forman actualmente parte del Comité Niña, Niño y Adolescente del municipio de Sucre, tras ser elegidos por un periodo de dos años, fortaleciendo así la participación real de la juventud en la toma de decisiones públicas.

El proyecto también abrió espacios específicos para adolescentes madres y embarazadas. Un total de 23 jóvenes participaron en talleres sobre proyecto de vida, cuidados durante la gestación, parto y primera infancia, así como sobre sus derechos, con la implicación activa del personal de salud y, en algunos casos, de sus parejas y familias.

Servicios de salud más cercanos, profesionales más capacitados

La salud tuvo un papel central en la intervención. Se implementaron y fortalecieron dos centros AIDA (Atención Integral y Diferenciada para Adolescentes), espacios que ofrecen servicios médicos y psicológicos gratuitos, confidenciales y amigables. Estos centros han atendido ya a más de 400 adolescentes, proporcionando orientación, atención preventiva y acompañamiento en situaciones de vulneración de derechos.

La mejora no fue solo en infraestructuras. Cuarenta profesionales de salud —entre médicos, odontólogos, psicólogos y personal de enfermería— reforzaron sus capacidades técnicas mediante cuatro talleres intensivos de formación en abordaje integral de la adolescencia desde el programa AIDA. Las capacitaciones incluyeron contenidos sobre ruta crítica de atención a víctimas de violencia, infecciones de transmisión sexual, métodos anticonceptivos, uso de instrumentos específicos de atención adolescente y prevención del suicidio.

Como resultado de este proceso de fortalecimiento, los dos centros AIDA fueron acreditados por el Servicio Departamental de Salud (SEDES Chuquisaca) al cumplir con más del 95% de los estándares de calidad y cobertura establecidos, consolidándose como referentes en atención diferenciada para adolescentes en el departamento.

Para garantizar la sostenibilidad y mejora continua, se conformaron Comités de Calidad en cada centro AIDA, integrados por personal sanitario, autoridades municipales y representantes adolescentes. Estos comités realizan reuniones periódicas de seguimiento y evaluación del funcionamiento de los servicios, reforzando la corresponsabilidad institucional y juvenil.

Una red que protege y acompaña

Nada de esto habría sido sostenible sin una articulación efectiva entre el sistema de salud, el ámbito educativo, el gobierno municipal y otros actores clave. El proyecto fortaleció esta coordinación, generando espacios de análisis conjunto y activando mecanismos de referencia y contrarreferencia para casos de violencia o vulneración de derechos.

Este trabajo en red permitió evitar la revictimización y garantizar que las adolescentes y jóvenes recibieran orientación, derivación y acompañamiento adecuados, sin quedar solas frente a situaciones complejas.

Cooperación asturiana con impacto real

La alianza que sostuvo el proyecto fue también parte esencial de su éxito. ASATA impulsó la iniciativa desde Asturias, articulando la cooperación, el seguimiento técnico y el acompañamiento institucional en coordinación con CEMSE, entidad responsable de la implementación territorial en Sucre.

La financiación de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo hizo posible consolidar una intervención que combina liderazgo juvenil, fortalecimiento institucional y mejora de servicios públicos. Una apuesta coherente con los valores de la Economía Social asturiana: generar oportunidades, fortalecer comunidades y promover derechos.

Hoy, más de 400 adolescentes atendidos en servicios acreditados, 69 jóvenes líderes formados y activos, más de 1.100 pares sensibilizados, 40 profesionales capacitados, dos centros AIDA acreditados oficialmente, comités de calidad activos y procesos específicos de apoyo a adolescentes madres son evidencia de que la cooperación asturiana puede traducirse en transformaciones concretas. Transformaciones que amplían derechos, previenen violencias y abren caminos para que la adolescencia y la juventud de Sucre puedan decidir sobre su vida con información, apoyo y dignidad.