LANDS: el pasado agrario como laboratorio de soluciones para el presente
OFRECIDO POR FICYTECONOMÍA SOCIAL
Durante más de seis mil años, las comunidades rurales han organizado el territorio para producir alimentos, gestionar recursos y adaptarse a crisis climáticas. El grupo Social Landscapes LANDS investiga esos paisajes agrarios históricos para analizar qué prácticas siguen siendo útiles hoy
16 mar 2026 . Actualizado a las 09:54 h.A primera vista podrían parecer paisajes rurales corrientes. Prados delimitados por muros de piedra, caminos que enlazan aldeas, zonas de cultivo alternadas con pastos y bosque. Sin embargo, cada parcela y cada uso del suelo son el resultado de decisiones acumuladas durante siglos.
Esa complejidad histórica es el objeto de estudio del grupo Social Landscapes LANDS, de la Universidad de Oviedo, un equipo centrado en el análisis de los paisajes agrarios desde la Arqueología Agraria y financiado por el Principado de Asturias en la convocatoria de ayudas a grupos de investigación 2024.
Para este equipo, coordinado por Margarita Fernández Mier, la Arqueología Agraria es una forma de estudiar el pasado que combina excavaciones, análisis del entorno natural, documentos históricos y saberes tradicionales para entender cómo las comunidades organizaron su territorio.
Estos paisajes han garantizado durante siglos la producción de alimentos, la organización comunitaria y la gestión sostenible de recursos como el agua, el bosque o el pastoreo. «Si los paisajes agrarios han sido útiles durante más de 6.000 años, ¿por qué no habrían de serlo ahora?», plantea la investigadora.
Paisajes que enseñan a adaptarse
Durante más de 6.000 años, las comunidades rurales han organizado el territorio para producir alimentos, gestionar recursos y adaptarse a crisis climáticas. El grupo Social Landscapes LAND investiga esos paisajes agrarios históricos para analizar qué prácticas siguen siendo útiles hoy.
La idea de utilidad se concreta en lo que el grupo denomina «repositorios de respuestas»; es decir, cada transformación histórica dejó estrategias para afrontar crisis climáticas, cambios económicos o nuevas incorporaciones tecnológicas.
La llegada del maíz, por ejemplo, no solo introdujo un nuevo cultivo; transformó paisajes, edificios y relaciones sociales. Del mismo modo, las comunidades afrontaron grandes crisis climáticas, como la llamada Pequeña Edad del Hielo, articulando respuestas propias ante contextos de incertidumbre.
El análisis comparado de distintos contextos históricos ha permitido detectar un patrón recurrente. «Lo que sí hemos observado con claridad es la resiliencia tanto de los paisajes como de las sociedades agrarias», afirma Margarita Fernández Mier.
Sin embargo, esa resiliencia histórica no se activa de manera automática en el presente.«El problema actual es intentar recuperar solo una parte del sistema sin reactivar el conjunto», advierte la coordinadora del grupo. En su opinión, rescatar prácticas concretas sin reconstruir las relaciones que las sostenían desvirtúa su sentido original y limita su eficacia.
Las quemas controladas pueden reducir la propagación de incendios o generar pastos, pero si no se reactivan al mismo tiempo otros elementos del ciclo —como el pastoreo con distintas especies o la retirada de la materia orgánica tras la limpieza del monte— el equilibrio vuelve a romperse en pocos años.
Para el equipo, la clave no está en rescatar técnicas aisladas, sino en reactivar sistemas comunitarios -nuevos y antiguos- que mantengan el territorio activo y productivo en términos económicos, sociales y culturales.
Patrimonio vivo y conocimiento compartido
El trabajo del grupo no se limita a un único territorio. LANDS investiga en el Noroeste peninsular, las Sierras Subbéticas, las Islas Canarias o espacios andinos en Perú. Trabajar en contextos tan diversos les permite identificar interconexiones y comprender cómo distintas comunidades han afrontado retos similares, siempre respetando la singularidad de cada proceso histórico y cultural.
Comprender los paisajes como sistemas vivos y relacionales lleva al grupo a replantear también el concepto de patrimonio.Una de sus líneas estratégicas es entender el patrimonio como bien común. El paisaje agrario —construcciones, saberes, tradiciones y formas de organización— forma parte de un legado colectivo que debe gestionarse de manera democrática.
Cuando se concibe como procomún, deja de ser únicamente objeto de contemplación o consumo turístico y se convierte en espacio de decisión y corresponsabilidad.
Si el patrimonio se concibe como un bien común, también cambia la manera de investigarlo. Para LANDS, el trabajo académico no puede quedarse en la producción de conocimiento, sino que debe abrirse a la sociedad y generar retorno en los territorios donde se desarrolla.
En esa línea, la transferencia conecta saberes con necesidades sociales concretas y evita el extractivismo académico: el conocimiento debe circular, adaptarse y aplicarse de forma compartida.
Esa filosofía ha dado lugar a proyectos como ConCiencia Histórica, desarrollado en varios centros educativos rurales de Asturias, donde el alumnado trabaja cada curso sobre una temática patrimonial vinculada a su entorno. La iniciativa se ha extendido también a Perú.
Asimismo, el grupo ha participado en el desarrollo de la aplicación de realidad virtual poblARte y forma parte del proyecto europeo Cultur-Monts, centrado en la valorización de paisajes de montaña en el espacio Sudoe.
Este trabajo cuenta además con el respaldo del Principado de Asturias a través de la convocatoria de ayudas a grupos de investigación para el periodo 2024, convocada por Sekuens y gestionada por la Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica y la Tecnología (FICYT), que permite consolidar sus líneas de estudio y reforzar su proyección internacional.
Si hubiera que condensar la principal lección que ofrecen los paisajes agrarios históricos, Fernández Mier la resume en una idea clara: la sostenibilidad ecológica, social y cultural depende de las relaciones y de la cooperación. Esta idea articula todo el trabajo del grupo.
La historia agraria no es una invitación a mirar atrás con nostalgia, sino una forma de entender qué prácticas funcionaron, por qué lo hicieron y cómo pueden ayudarnos hoy a afrontar retos como la despoblación o la crisis climática.