Unos Brangelina de culto

Cotillard y Canet vuelven a estar juntos en la pantalla con una comedia en la que se ríen de sí mismos y que llega a España después de arrasar en los cines de su país. Allí son como la versión gala, y selecta, del fenómeno Brangelina


Todo comenzó como un juego de niños. Yann Samuell los unió en la surreal alegoría romántica de Quiéreme si te atreves (Jeux d’enfants es el título original) en el 2003. Una historia de ese L’amour fou en el que son expertos los franceses y que a muchos recordaba inevitablemente en su estética a la icónica Amélie (2001), de Jean-Pierre Jeunet. El talento que despuntaba en aquellas dos jóvenes promesas del cine galo se multiplicaba en cada plano juntos. Esa química tan popular por alumbrar parejas de celuloide y rivales enconados tras los focos, como el clásico formado por Fred Astaire y Ginger Rogers, no funcionó así en ellos.

Marion Cotillard (París, 1975) y Guillaume Canet (Boulogne, 1973) siguieron durante un tiempo caminos separados, él estaba entonces casado con la alemana Diane Kruger. El 2006 fue un gran año para ambos. Él se hizo con el Cesar a la mejor dirección por su No se lo digas a nadie y ella comenzó a preparar el papel que le abrió las puertas de Hollywood. Por su Edit Piaf de La vida en rosa se convirtió en la primera intérprete en ganar el Óscar a la mejor actriz por una película francesa. A partir de ese año oficializaron su relación, privada, y una productiva serie de colaboraciones profesionales. Pequeñas mentiras sin importancia en el 2010, dirigida por Canet y con un reparto coral en el que sobresale Cotillard, fue la más aplaudida hasta el momento. Compartieron protagonismo en El último vuelo (2009) y él la volvió a escoger para su incursión en el cine norteamericano con Lazos de sangre (2013), dirigida por Canet.

QUINTA PELI JUNTOS

Los Brangelina franceses, como los comenzaron a llamar algunos en su país tras la famosa crisis protagonizada, muy a pesar de Cotillard, por ella y Brad Pitt en el estreno de Aliados (Robert Zemeckis, 2016), desataron rumores que corrieron como la pólvora sobre un affaire en medio de la tumultuosa separación de Pitt y Angelina Jolie, que llevaron a pronunciarse en las redes sociales a un discreto Canet en defensa de su entonces embarazadísima pareja. Y hoy vuelven a brindar por sus años de cine y lealtad con la comedia Cosas de la edad, (Rock’n’ Roll en versión original), dirigida por el propio Canet. Suma más de un millón de espectadores y buenas críticas en Francia. Casi un año más tarde de su estreno en el país vecino, por fin llegó a España la semana pasada, en los cines desde el 28 de marzo.

REÍRSE DE UNO MISMO

Pocas parejas cinematográficas en Europa hoy día acumulan el talento y la gracia del tándem Cotillard-Canet. Se ríen de sí mismos en una historia en la que hacen de lo que son, Cotillard y Canet, dos estrellas entradas en los 40 que se enfrentan al temor de envejecer en la industria del cine. La diferencia estriba esta vez en que es él el atormentado por las arrugas, la falta de papeles interesantes y la adicción al bótox. Un nuevo ejemplo, como el que dejó la inolvidable Intocable (2011), de lo bien que saben hacer reír los franceses.

A veces más popular aquí por deslumbrar en la alfombra roja, la musa de Dior es una activa defensora medioambiental, amén de una actriz de culto por films como De óxido y hueso (Jacques Audiard, 2012), Dos Días, Una Noche (Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 2014) o la reciente Juste la fin du monde (Xavier Dolan, 2016). Habitual de Christopher Nolan, en Origen (2010) y The Dark Knight Rises (2012), compartió pantalla con Johnny Deep en Enemigos públicos (Michael Mann, 2009) y Daniel Day-Lewis en Nine (2009), y estuvo a las órdenes de Woody Allen en Medianoche en París (2011). Menos conocido él en España, es uno de los referentes del séptimo arte galo. Aquí lo podemos ver estos días por partida doble. Protagoniza Perdido, de Christian Carion. La historia de un padre que busca frenéticamente a su hijo desaparecido, al cuidado de su exmujer y de la pareja de esta. Un thriller del que Canet desconoció el desenlace hasta el último día de rodaje. Otra oportunidad para disfrutar de ese je ne sais quoi que emanan los franceses.

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