¿Somos novios...o somos pana?

Perrear, chichar, guayar... La música latina ha sido un vehículo tremendo para la transmisión de sus expresiones hasta nuestro país. Algunas han pasado a usarse en conversaciones del día a día mientras que otras pueblan las redes sociales. ¿Cuánto influye el reguetón en la lengua?


El lenguaje, tan propio del ser humano como la música, es un vehículo increíblemente eficaz para contrastar la actualidad del día a día. En un mundo en constante cambio, es normal que las lenguas muten en cada conversación. La globalización es lo que tiene. Se mezclan idiomas, se toman expresiones y se enriquecen las palabras. La música es una excelente contribuidora para generar nuevos diálogos que, en muchas ocasiones, las generaciones más jóvenes toman como propios. Latinoamérica queda a miles de kilómetros pero sus canciones a un solo click de distancia, por lo que el acercamiento entre las expresiones del continente americano y nuestra península nunca había sido tan evidente. Entonces, ¿somos novios o somos pana?

Seguramente les suene esa palabra, y sobra decir que no hablamos de la tela gruesa de algodón. En varios países latinoamericanos como Honduras, Panamá, Puerto Rico o República Dominicana significa ‘amigo’ o ‘compañero’. Enrique Iglesias la ha traído a España en la letra de su último éxito junto a Bad Bunny, El Baño. Casi doscientas millones de reproducciones después, la expresión se cuela en los hashtags y las fotos que pululan por Instagram y otras redes. Ya forma parte de ese nuevo vocabulario que la música ha ido trayendo desde el otro lado del charco.

Cuando uno oye la palabra celular es probable que piense primero en la biología, pero todos los artistas latinos hacen referencia a sus teléfonos móviles. Un utensilio básico en nuestro tiempo y cuyo vocablo aquí no acaba de cuajar. Sí lo hizo en su día carro, que se ha quedado como un sinónimo de coche por todos conocido. Y no digamos en las canciones de ahora.

Los juegos de significados y los cambios según el territorio dan mucho de sí en las composiciones musicales. Hay dos ejemplos típicos a la hora de hablar de ello: coger y regresar. La primera, en buena parte de América, no se relaciona exclusivamente con el hecho de tomar un objeto con la mano, sino que tiene una connotación sexual explícita. De igual manera, regresar no es ‘volver a un lugar o un emplazamiento’, suele estar más relacionado con ‘devolver una posesión a su dueño’. Volviendo al tema del sexo, chichar es una palabra muy usada en Puerto Rico como sustituto de ‘hacer el amor’, tal como deja constancia el cantante de reguetón J Alvarez en tu canción Tú Regresas.

El género discotequero por excelencia posee un diccionario propio enormísimo, que sus intérpretes han ido ampliando con los años y extendiéndolo por el mundo. Guayando, por ejemplo. Esa palabra que define ‘el acto de bailar pegados, rozando los cuerpos’. Daddy Yankie y Nicky Jam lo dejaron bien claro en la canción a la que el propio término da título. ¿Más? Perrear, también como sinónimo de ‘bailar’; tirarse, que vendría a ser ‘lanzarse a por alguien’, aunque si es entre hombre y hombre sería discutir; feca, que significa popularmente ‘mentira’ en Panamá y Puerto Rico.

También el trap está pegando duro a la hora de abordar el castellano. Su caso es particular, pues bebe más del argot urbano y no tanto de la ambigüedad del diccionario. Abusa de ciertos anglicismos, y España no ha tenido que mirar al otro lado del charco a la hora de buscar vocablos. Los locales van sobrados: feka, ‘tonto’; josar, ‘buscarse la vida; coco, ‘cocaína’...

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