Dos estrellas que desafían la tiranía juvenil del pop

Están ahí, sonando al lado de Dua Lipa o Camila Cabello. Una se encuentra a punto de cumplir 49 años. La otra, 50. Con el medio siglo de vida a la vista, ambas dan la vuelta a la ley no escrita de la música popular. La que dice: prohibido no ser joven


Resulta difícil mantenerse en la primera línea del pop masivo cuando la juventud se desvanece. En este mundo repleto de estrellas efímeras, brillos fugaces y sacralización de lo juvenil, superar los 30 a veces ya supone cantar retirada. Pero, desde luego, subirse a las cinco décadas de vida suele equivaler, por lo general, al «cualquier tiempo pasado fue mejor» y al clásico tirando de grandes éxitos y justificando su vuelta sacando discos cada vez más insustanciales. Hay excepciones, no obstante. En las últimas semanas dos astros musicales que deslumbraron en el pasado han vuelto reclamando su vigencia. Los pasaportes de las dos indican que los 50 están ahí. Algo bastante excepcional.

Es fácil testar el momento actual de la primera invitada: Jennifer López. En julio cumple 49 años. En abril lanzó El anillo, una pegadiza pieza de pop latino que camina sobre un irresistible ritmo de funk carioca. Pónganla al lado de unos adolescentes. Se podrá ver rápidamente sus sonrisas, sus meneos y ese modo de secundar a la artista cuando dice «¿Y el anillo pa’ cuando?».

Es uno de los temas que arrasa actualmente. Tanto que su espectacular videoclip ya es objeto de parodias de humoristas como Los Morancos y hasta futbolistas, como Joaquín el del Betis, que lo emuló con unas toallas como vestuario. Supuestamente inspirada en su relación con el jugador de béisbol Álex Rodríguez (a quien le dice «Me tratas como una princesa y me das lo que pido / Tú tienes el bate y la fuerza que yo necesito») en ella la cantante se pone en el lugar de una mujer enamorada, encantada con la respuesta sexual de su pareja («Te pongo un trece de diez cuando estamo’ en la cama»), pero que echa en falta una cosa: que le propongan matrimonio.

La sombra de Beyoncé

Hace ya diez años Beyoncé descolocó al planeta pop con Single ladies. En ella demandaba nupcias así: «Porque si te ha gustado lo que has visto, ¡debes poner un anillo aquí!». La tacharon de lanzar un mensaje conservador y retrógrado sobre el papel de la mujer en el siglo XXI. Ahora, el movimiento musical de Jennifer López recuerda aquello. El anillo bien podría pasar el Single ladies latino. Además del espíritu, se trata de una canción machacona, con un videoclip icónico y con un runrún similar en las redes sociales respecto a su contenido. Pero, sobre todo, se trata de uno de los pelotazos más incontestables de lo que va de año. Algunos ya la ven como canción del verano tomando el relevo a la célebre Despacito.

Mientras todo eso ocurre en el trono latino, la australiana Kylie Minogue ha optado por reinventarse, acudiendo a las fuentes del country, en Nashville. Allí ha reorientado ligeramente su sonido con banjos, melodías cálidas y hasta piezas acústicas. Todo ello sin perder su denominación de origen: la de su voz sedosa viajando en el pop electrónico. El resultado es Golden, un álbum correcto con varios buenos temas. No llega a los niveles de viralidad de López, pero el mes pasado se subió al número 1 de las listas británicas certificando para sus fans de siempre que sigue ahí.

Por ahora dos sencillos, Dancing y Stop Me From Falling, agradan de inicio. Y enganchan mucho a medida que se repiten con sus coros adhesivos. Definida como una Dolly Parton bajo la bola de espejos, en ellos transmite ese espíritu positivo de que bailando y cantando todo va bien, e incluso puedes hasta encontrar al amor de tu vida. De la segunda incluso hizo una segunda versión en la que se atreve a lanzar unos versos en español con el dúo cubano Gente de Zona, célebre por La Gozadera. El videoclip, grabado en las calles de La Habana, es de los que contagian alegría al instante. Ella mantiene el carisma intacto.

Quizá se trata de tantear el mercado para futuros movimientos en la onda latina. El 28 de este mes cumple 50 años. Pocas de sus compañeras de generación siguen ahí. Y prácticamente ninguna se sitúa en los puestos de relevancia. Se trata, la suya, de una manera de llevarle la contraria a la inercia y de demostrar que el brillo, si se cuida, no tiene que esfumarse tan rápidamente.

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