Marta Ortega, Carlos Torretta y Sergio Álvarez, juntos en Saint-Tropez

M.V.

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LAGENCIA GROSBY

La hija de Amancio Ortega se relaja en la Costa Azul Francesa con su hijo, su futuro marido y algunos amigos, entre los que se encuentra su expareja y padre del pequeño

04 jun 2018 . Actualizado a las 17:12 h.

Se casarán el próximo otoño y, en breve, se mudarán a un exclusivo inmueble que acaban de adquirir en el centro de Madrid, en una perpendicular de la calle Génova, pero mientras, entre mudanza y preparativos de boda, Marta Ortega y Carlos Torretta disfrutan estos días de la tranquilidad y el buen tiempo de la Costa Azul francesa. No están solos. Les acompañan en Saint-Tropez algunos amigos, el hijo de la heredera de Inditex -Amancio, que cumplió cinco años el pasado marzo-, y el jinete asturiano Sergio Álvarez, exmarido de Marta y padre del pequeño.

No es la primera vez que Marta Ortega, Carlos Torretta y Sergio Álvarez se dejan ver juntos públicamente. El pasado diciembre, la pareja paseó su buen momento personal por las instalaciones hípicas de Casas Novas. Ambos compartieron entonces una divertida y distendida jornada familiar con los padres de ella, Amancio Ortega y Flora Pérez, y el hijo de Marta, pero también con algunos amigos íntimos y con Sergio, que competía en el certamen hípico y al que acudió acompañado por su pareja, la arquitecta alemana Nina Ulenberg.

Saint-Tropez se ha convertido ya en uno de los destinos favoritos de Marta. El año pasado, por estas fechas, la familia Ortega -Flora, Amancio, su hija y dos de sus nietos- arrancó sus vacaciones en aguas del Mediterráneo, relajándose en su entonces nuevo yate, de 67 metros de eslora. No estaban en esa ocasión ni Torretta ni Álvarez, que esta vez acompañan a Marta y al pequeño Amancio en en lo que parece uno de los restaurantes del puerto deportivo de la localidad francesa.

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Las imágenes tomadas en la Costa Azul dan fe además de la buena relación existente entre el nieto de Amancio Ortega y el futuro marido de su madre. Torretta no se ahorra gestos de cariño con el pequeño, a quien en todo momento mantiene vigilado, cogido de la mano. Tras la comida, Marta, Carlos y el niño, junto a algunos amigos, se subieron a una lancha de motor para disfrutar del resto del día en la intimidad, a bordo de una inmensa embarcación que les esperaba fondeada a unos metros de distancia. 

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