Fluffy, la gata que estuvo literalmente congelada y volvió a la vida

Sus dueños la encontraron cubierta de trozos de hielo y nieve en plena ola de frío; la llevaron a la clínica veterinaria y allí pudieron reanimarla con agua y toallas calientes


Redacción

En plena ola de frío por el vórtice polar, Fluffy, una gata de Kalispell, Montana, apareció cubierta de hielo cerca de su casa. Estaba congelada. Literalmente, como puede comprobarse en sus fotografías. Los dueños de la mascota la llevaron a la clínica veterinaria inmediatamente. Y, de forma milagrosa, el animal fue reanimado. Volvió a la vida.

«Estaba congelada», dijo a la prensa estadounidense Andrea Dutter, directora ejecutiva de la Clínica de Animales de Kalispell. «Inmediatamente comenzamos a calentarla. Agua caliente, almohadillas térmicas, toallas calientes», explicó. Al cabo de una hora la gata comenzó a quejarse. Pero durante unos 120 minutos su temperatura corporal se mantenía extremadamente baja. El doctor Clark, otro de los profesionales que trabajan en el centro, confesó que «nunca había visto nada así en la vida», relatando que su temperatura era tan baja que el termómetro apenas podía leerla. Creen que su temperatura tenía que ser inferior a 32 grados cuando en un gato lo normal es que se sitúa en los 38. En la página de Facebook de la clínica se felicitaron por el éxito. 

 

Después de reanimarla, los veterinarios determinaron que Fluffy seguramente no había podido regresar a casa porque había sufrido una lesión que le impedía andar. Por eso acabó congelándose. Ahora el animal ya ha podido volver a casa, que está situada muy cerca del Parque Nacional Glacier y, según sus dueños, está perfectamente recuperada del incidente. 

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Jorge e Iago han querido compartir con La Voz el frío extremo que están experimentando estos días. En las afueras de la facultad esperan a que alguien les haga una fotografía. Al cabo de unos minutos se dan cuenta de que no será fácil. Una iniciativa creada en Change.org y apoyada por 13.000 estudiantes ha permitido suspender las clases.

«Aínda que normalmente sempre hai algo de ambiente, hoxe [por ayer], tanto no bus coma na rúa, non ves a ninguén», confiesa Algarra. «Cuando encontrábamos a alguien nos costaba pararle porque el frío es insoportable», añade Eiras. Los dos son científicos de la atmósfera del grupo EPhysLab de la Universidade de Vigo, que se encuentran en una estancia de investigación en Urbana-Champaign, la ciudad universitaria del estado de Illinois, situada a una hora en tren de Chicago, y donde los inviernos suelen ser muy crudos. «La moda aquí es algo totalmente secundario, lo importante es vestir ropa que abrigue bien. A nadie le importa como lleve uno mismo o lleven los demás el pelo. Todos lo llevamos hecho un desastre, porque todos utilizamos gorros de lana en la calle», relata Jorge.

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