La tormentosa infancia de Cayetano Martínez de Irujo: «Me daba auténticas palizas»

El programa Lazos de Sangre de RTVE estuvo dedicado anoche a la Casa de Alba y el quinto hijo de Cayetana Fitz-James Stuart se convirtió en el protagonista


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Cayetano Martínez de Irujo se abrió de par en par, lloró, se emocionó, habló, se confesó e hizo temblar a la mismísima Casa de Alba, la suya. El programa Lazos de Sangre de RTVE se dedicó anoche a destripar una de las sagas más relevantes del país. Cuatro de los seis hijos del matrimonio entre Luis Martínez de Irujo y Cayetana Fitz-James Stuart, se sentaron a explicar la historia de una familia dividida desde la muerte de la matriarca. Ellos coincidieron en que el fallecimiento de su padre, a los 52 años, fue un momento de inflexión que cambió la vida de todos. 

Pero si hubo alguien que decidió hablar sin pelos en la lengua fue Cayetano, el actual duque de Arjona y conde de Salvatierra. Un hombre atormentado que todavía vive con las secuelas de una infancia que no desea a nadie. 

«Cuando se murió mi padre fue un vacío tremendo. No se nos dejó despedirnos de él. Fue horrible. Me causa un dolor… Cómo nos engañaron. Estuve rezando con mi hermano Fernando durante 10 días para que se curara nuestro padre. Tristemente se había muerto ya sin que los supiéramos», recuerda Cayetano Martínez de Irujo, entre lágrimas. «Cuando mi padre se murió, no solo perdimos a un padre, se perdió un sentido… Quién soy yo y qué hago aquí», un trauma que no superó hasta 40 años después cuando decidió poner rumbo a Estados Unidos para someterse a una terapia: «No era feliz, tenía una contradicción. Tenía un problema emocional. Las dos primeras semanas de tratamiento fueron algo espeluznante», confiesa. « Las 5 semanas en Estados Unidos me dieron el por qué de las cosas… Por lo menos me he construido la base de mi vida, era barro líquido. He sacado mi verdadero yo».

Y la muerte de su padre no fue lo único que marcó su infancia. «Mi madre, al ser hija única, no supo gestionar la unión de su familia», asegura el jinete. Entre las paredes del palacio sufrió un auténtico maltrato físico. Sobre todo, por parte de una de sus nannies: «Me inflaba a tortas. Me daba auténticas palizas (...) Yo no me atrevía a decirlo por miedo a las represalias». Se trata de Olga, la última de las niñeras. La penúltima también les pegaba pero «solo con una barra de bambú. Era menos doloroso. Las palizas de Olga eran muy largas y muy fuertes». 

Según el quinto de los hermanos, su madre no estaba al corriente de lo que estaban sufriendo en ese momento: «Mamá era como una emperatriz. Nos saludaba muy cariñosa, pero cada mañana nos daba las instrucciones del día. Nos daba órdenes. Era hija única y no sabía lo que era tener hermanos, lo que era el trato familiar».

La situación empeoró todavía más cuando entró en escena el segundo marido de su madre, Jesús Aguirre: «Yo era el guerrero, el que se pegaba con Jesús de frente... Siempre estaba a un filo de que me echaran de casa. Antes de morir, él me pidió perdón por todo. Murió tranquilo». A los 18 años decidió huir para refugiarse en el deporte de élite. 

Cayetano tampoco se cortó en hablar de su situación actual. «He pagado el pato de ser el encargado de tener que repartir yo la herencia de mi madre en vida», aseguró. Criticó con dureza en muchas ocasiones la gestión que su hermano Carlos está haciendo del patrimonio de la Casa de Alba, valorado en más de 2.800 millones de euros. «Mi hermano Carlos está haciendo justo lo contrario de lo que quería mi madre».

En el debate posterior a la emisión del programa, el hijo de la Duquesa de Alba, también se refirió a los amoríos de su madre a avanzada edad. «Tuvimos que quedar con el cónyuge para ver cuáles eran sus intenciones», declaró Cayetano en referencia a Alfonso Díez de Carabantes, duque viudo de Alba de Tormes, provocando la risa de los contertulios que moderaba Boris Izaguirre.

Y la cosa no se termina ahí, en septiembre saldrá a la venta el libro de las memorias de Cayetano Martínez de Irujo. Visto lo visto, prometen.

Sus lágrimas no pasaron desapercibidas para los tuiteros

Las reacciones de los internautas no se hicieron esperar y en Twitter proliferaron mensajes que podrían resumirse en la frase «los ricos también lloran».

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