Bruselas se rinde este verano a la fiebre «bio»

La moda ecológica se adueña de la ciudad, desde los restaurantes hasta las tiendas de ropa


bruselas / Corresponsal

«Pretty healthy food», reza el cartel del restaurante The Avocado Show de Bruselas. El templo del aguacate se sitúa en la zona más céntrica de la capital belga, a donde acuden hordas de beatos de esta célebre fruta a rendirle culto. No importa cuánto tiempo pase. Este manjar que nace, crece, se reproduce y muere en nuestras fotos de ensaladas, hamburguesas y tostadas de Instagram sigue levantando pasiones y odios a partes iguales.

La fiebre del oro verde no es la única moda bio que se ha extendido en esta ciudad de contrastes, donde lo mismo te tropiezas con enormes bolsas de basura en las aceras o con alguno de los centenares de patinetes eléctricos que brotan en las esquinas de los barrios. No importa la edad, el estilo o el talento para conducir sin atropellar viandantes. El trottinette es para todos y arrasa. Parejas de enamorados, infantes traviesos, jubilados, estudiantes aplicados, Erasmus, o funcionarios de la Comisión Europea se deslizan veloces por las calles. Tiene sus riesgos, por supuesto, pero su huella ecológica es muy baja. Y eso, para alguien que vive en Bruselas, es muy importante. También cuando se trata de llenar la nevera. Por eso no es extraño ver enormes colas en algunos de los mercados de cercanía que han germinado en la ciudad como el BIO BARN de Saint Pierre. Sus pastas de coco, quesos artesanales, zumos, sidras o la verdura y fruta de temporada pueden dejar temblando cualquier cartera. Hay quien va más allá y decide pagar a una cooperativa de productores locales para llevarse a casa cada semana una nutrida caja de manjares recién sacados de la huerta, sin pesticidas. Esta obsesión por lo orgánico se extiende al ocio familiar veraniego. Uno de los planes más extendidos es el de llevar a mayores y pequeños a disfrutar del aire libre a algún jardín como Fruit Time (Anderlecht), donde los más bioentusiastas pueden recoger frutos rojos y otras viandas a 16 euros el kilo. Otra de las aficiones con arraigo en Bruselas es la moda. En los últimos tiempos se han multiplicado los talleres de fabricación de slow-fashion en la ciudad, donde jóvenes diseñadores explican el proceso de creación de la ropa sostenible.

Después de un brunch a base de aguacate, de dejarse el sueldo en compras bio y camisetas de algodón a 60 euros, quizá quede cuerpo para disfrutar de lo más auténtico: Relajarse al atardecer en alguno de los bares de verano, o guinguettes, que promueven la vida social de los barrios y los productos locales. En el Maurice del Parc du Cinquantenaire puedes disfrutar de los últimos rayos de sol bailando salsa o con la cerveza de moda en mano: Una Cannibale, de Brussels Beer Project. Artesanal, por supuesto.

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