Funko Pop, un negocio con mucha cabeza

La empresa Funko ha logrado alcanzar unas ventas netas de más de 191 millones de dólares con unas figuras que representan iconos de la cultura pop de todo el mundo. Algunos de sus muñecos se agotan en cuestión de segundos


En Estados Unidos parece que uno de los ingredientes secretos de toda fórmula empresarial que se precie es el garaje. En una de estas estancias se crearon negocios que hoy facturan miles de millones de euros. Algunos de sobra conocidos como Microsoft, Apple o Amazon. Otros, no tanto. Y es que Funko Pop es una de esas empresas que está empezando a despegar con una fuerza sobrehumana y a la que muchos miran con cierta envidia. Porque la suya es una fórmula de negocio tan sorprendente como rentable.

La base del negocio de esta compañía americana -también nacida en un gris y frío garaje- son unas pequeñas figuras cabezonas (de unos diez centímetros) que representan toda clase de personajes. Aquellos poco duchos en la materia dirán que los Funko son simples productos de merchandising. Pero los que saben de lo que hablamos son conscientes de que detrás de las figuras hay mucho más. Porque estos muñecos son todo un hito de la cultura pop.

«Son unos muñecos cabezones que pueden representar personajes de deportes, de películas, de dibujos animados, históricos... Todo lo que a alguien le puede gustar en la vida puede tener un muñeco Funko», resumen Irene Miguel y José Ignacio, dos de los mayores coleccionistas de estas figuras en España y dueños del canal de Youtube Funkoloki, en el que comparten su afición con sus casi 20.000 suscriptores. Entre los dos atesoran un espectacular catálogo formado por más de 780 muñecos. Su colección está valorada en unos 11.700 euros y guardan piezas realmente cotizadas en el mercado de segunda mano.

Y esto de la reventa tiene su miga. Porque algunas figuras que en el momento de su salida al mercado se compran por entre 12 y 30 euros, pueden llegar a venderse por cifras que son diez o incluso cien veces superiores a su precio original.

No son los únicos números de esta industria que quitan el hipo. Figuras que se agotan tan solo 30 segundos después de ponerse en el mercado o listas de espera de hasta 8.000 personas en los tres primeros minutos de la venta de un muñeco son una pequeña muestra de lo que hay detrás de Funko.

«Son figuras bastante baratas comparadas con lo que se mueve en el mundo del coleccionismo, en el que la gente se gasta mucho dinero. Si te vas a otro tipo de figuras más realistas, muchas no te bajan de los 200 euros. Estas son más asequibles y se pueden encontrar por unos 12 euros», resumen Irene y José.

Parte del éxito reside, precisamente, en lo baratos que son. Otra de las patas del negocio la completa su extenso catálogo. Deportistas, figuras históricas, personajes de Disney o Marvel... Las licencias se han convertido en uno de sus mejores aliados. Cuentan con más de mil, lo que les permite reproducir con su propio estilo todo tipo de estrellas de la cultura pop. En un mundo tan digital en el que todos los negocios prósperos parecen caminar de la mano de las nuevas tecnologías, Funko desafía todas las reglas con sus muñecos. En el último cuatrimestre del año pasado, sus ventas netas superaron los 191 millones de dólares. Y no paran de crecer. Porque en España cada vez tienen una penetración mayor.

Mayores y pequeños de todo el país llenan las estanterías de sus casas con estos cabezones; y grandes marcas como Carrefour, Fnac o El Corte Inglés cada vez les reservan huecos mayores y con más visibilidad en sus centros.

Poco se imaginaba el ideólogo de este negocio, Mike Becker, lo que se le venía encima cuando en el 1998 sembró la primera semilla de la compañía. Buscando una hucha antigua con la imagen de la mascota de los restaurantes Big Boy, este diseñador gráfico se topó con un hueco en el mercado. Solo encontró su capricho en eBay teniendo que pagar por él una suma de dinero bastante elevada. Así que se puso manos a la obra para tratar de producir su propia copia. En un bar, y con la ayuda de dos artistas (Rob Schwartz y Sean Wilkinson) decidió fundar Funko. Empezaron su camino empresarial en el garaje de casa, desde donde vendían muñecos cabezones que representaban a los personajes más populares por aquel entonces.

Pero el fenómeno llegó de la mano de Austin Powers. Tal y como explica Becker en el documental Fábrica de diversión: La historia de Funko, gracias al éxito logrado por la película, su representación de Austin Powers sirvió para dar un certero empujón a la compañía. Becker tuvo que preparar con los precarios medios que le ofrecía su garaje más de cien mil cajas de figuras.

En el 2005, Becker decidió vender la empresa a su amigo Brian Mariotti, que ha conseguido dar un aire fresco a una firma que desde entonces no ha hecho más que crecer.

Funko es ahora mucho más que sus figuras Pop!, las más conocidas y rentables. También venden otro tipo de muñecos, camisetas e incluso Warner está estudiando la posibilidad de crear una película de animación con los diseños.

Esta particular gallina de los huevos de oro tiene mucha cabeza y, todo apunta, a que seguirá dando a sus dueños grandes alegrías.

Un control exhaustivo de todas las piezas que atesora un coleccionista

S. C.

Snupps fue pensada para convertirse en una aplicación perfecta para organizar y tener un catálogo controlado de todas nuestras pertenencias. De hecho, la idea surgió cuando sus creadores perdieron una maleta en un viaje y se encontraron con grandes dificultades para recordar todos los objetos que habían perdido para poder así incluirlos en la reclamación a la aerolínea.

Pero su facilidad de uso y sus posibilidades la han convertido en el mejor aliado de los coleccionistas. Y es que, cuando uno se junta con un buen puñado de piezas, es más que habitual que acabe dudando de si tiene en su poder una u otra figura. Snupps es una aplicación que permite crear un inventario de todos los objetos personales que deseemos.

Para ello, permite incluir una foto y un breve texto para ir organizando en estanterías virtuales todo aquello que deseemos tener controlado. Los vinilos que forman nuestra colección, los Funko que ya hemos comprado o incluso los cromos.

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