Desfiles a puerta cerrada y redes sociales: la reconversión digital de la alta costura

La moda más exclusiva cambia la pasarela por cortometrajes, desfiles retransmitidos por Internet y catálogos en línea


Redacción / la voz

La fantasía de la alta costura se niega a tirar la toalla tras el golpe de realidad de la pandemia. Como cada mes de enero, la presentación en París de las colecciones más exclusivas de cada firma ha vuelto a poner en pie su gran espectáculo a pesar de que la crisis sanitaria y las restricciones mantienen a su selecto público a distancia. Las redes sociales, los desfiles virtuales y pasarelas reservadas para grupos reducidos de clientas exclusivas impulsan la transformación digital con la que las grandes casas de moda intentan adaptarse al difícil contexto actual.

Las prendas de alta costura son prendas muy caras, pero los beneficios son limitados, pues se trata de colecciones que se dirigen a menos de un millar de personas en todo el mundo, lo que ha hecho desaparecer a muchas marcas desde los años 80. Ahora el coronavirus se lo ha puesto todavía más complicado. Uno de los grandes referentes, el libanés Elie Saab, ha presentado su baja en esta temporada ante la dificultad de organizar una presentación virtual en medio de la pandemia. 

Muchas marcas ya se habían apuntado anteriormente a retransmitir sus desfiles en sus redes sociales, pero el covid-19 ha impulsado la reconversión del sector. Este es ahora el único canal de comunicación con su público para intentar mantener viva la capacidad de soñar y fantasear con prendas sugerentes en un momento en que el chándal y el pijama se han convertido en las estrellas del confinamiento doméstico.

«Los creadores de moda y directores artísticos han integrado aún más el potencial del mundo digital y han ampliado sus colaboraciones con cineastas y actores de la escena creativa digital»,aseguró el presidente de la Federación, Pascal Morand, en la emisora France Info, como recoge Efe. Según Morand, la difusión en línea de sus vídeos ha fomentado el eco de los desfiles y ha permitido recurrir a una creatividad que «perdurará cuando volvamos en presencial».

Una de las citas más esperadas en cada semana de la alta costura de París es el desfile de Chanel en el Grand Palais, que Karl Lagerfeld, y ahora su sucesora Virginie Viard, han convertido en escenario de algunas de las más espectaculares puestas en escena de la historia de la moda. La firma no ha renunciado este año al desfile presencial en este monumental edificio, pero lo ha hecho tan solo para un pequeño grupo de sus embajadoras más célebres: Penélope Cruz, Carlota Casiraghi, Marion Cotillard, Vanessa Paradis, su hija Lily Rose DeppAlma Jodorowsky.

Como un revulsivo frente a este momento crítico, el desfile fue un homenaje a la alegría y la ligereza, con vestidos rectos de corte juvenil, volumen en las faldas en colores primaverales, colores pastel con rosa fucsia y turquesa y tocados de flores. Abrió la pasarela un conjunto de encaje con blusa blanca de mangas francesas y falda bohemia hasta los pies en un llamativo rosa, un contraste de colores pensado para alegrar el ambiente con bordados de flores trabajados a mano, volantes de encaje y tul, chaquetas y chalecos de pedrería.

El vídeo -emitido en la web de la Federación francesa de Alta Costura y Moda, organizadora de la Semana de la Moda de París- arrancó con todo el elenco de modelos paseando por un Grand Palais lleno de sillas doradas vacías. Tan solo el puñado de musas invitadas por la marca contemplaban y aplaudían la presentación. Cuando otras casas buscan reinventar formatos, presentan películas y se adentran en la ficción para mostrar sus colecciones, Chanel se decantó por mantenerse todo lo pegada al desfile tradicional que las restricciones le permitieron.

A puerta cerrada se celebró también el desfile del diseñador francés de alta costura Stéphane Rolland, que recuperó la llamativa silueta de Las Meninas en su colección primavera-verano 2021, con prendas estructuradas y una silueta voluminosa en las caderas. El cuadro de Diego de Velázquez pareció tomar forma en el claustro de un palacio neoclásico que sirvió de pasarela a Rolland, que escogió a la modelo española Nieves Álvarez como estrella de su desfile.

El cortometraje de Dior

Maria Grazia Chiuri, directora creativa de Christian Dior, apostó por crear una película, titulada El castillo del tarot y realizada por Matteo Garrone, para transmitir con mayor fuerza el universo desarrollado para la marca, rescatando las pasiones del icónico modista francés y creando un mundo paralelo, más parecido a un cuento de hadas. En el cortometraje, Chiuri narra la historia de una joven que se busca a sí misma. Para ello, acude a una especialista del tarot que al leerle el futuro le abre las puertas de un castillo mágico. En él aparecen buena parte de las imágenes del tarot, la sacerdotisa, la emperatriz, la justicia, el colgado o la rueda de la fortuna, cuyos estilismos son reinterpretados por Chiuri con faldas plisadas de tul, chalecos brocados, vestidos bordados y telas suntuosas.

Las mangas abultadas, las faldas con vuelo y los lujosos tejidos sirvieron a Chiuri para jugar con las referencias medievales, al igual que los tapices y el misterioso castillo, decorado de una colección que se adentra en el territorio de la experimentación.

Para el estadounidense Daniel Roseberry, al frente de la firma Schiaparelli, su mejor golpe de efecto de la temporada fue el de vestir a la cantante Lady Gaga para la toma de posesión de Joe Biden. La firma, que cerró en 1973 con la muerte de Elsa Schiaparelli, gran rival de Coco Chanel y amiga de artistas del surrealismo como Salvador Dalí, renació en el 2014 con la misión de dedicarse en exclusiva a la alta costura. La colección de Roseberry incluye vestidos que son esculturas y accesorios exagerados, con candados dorados convertidos en bolsos de mano, orejas esculpidas convertidas en pendientes, uñas postizas doradas llevadas a modo de guantes y gafas con ojos pintados que sirven de máscara. 

Valentino y Pierpaolo Piccioli, creador de cabecera en la boda de Marta Ortega, cambiaron el calor del público que habitualmente llena sus desfiles por el gesto inerte de las estatuas de la Galería Colonna de Roma. Allí se celebró una pasarela en la que el entorno clásico contrastaba con la propuesta futurista de sus prendas, que resaltaban el valor artesanal de los diseños y los materiales.

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