Marianne Sandberg, viuda de Joaquín Prat, se emociona al hablar de las adicciones de su hijo Federico: «Lo he intentado todo para curarlo»
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La esposa del presentador de televisión contó cómo empezó su historia de amor y los problemas que tuvieron para casarse: «Hoy lo puedo contar porque si no igual lo meten en la cárcel»
25 jun 2025 . Actualizado a las 16:57 h.A principios de este mes se han cumplido 30 años desde que el fallecimiento de Joaquín Prat, uno de los presentadores más importantes de la radio y la televisión de nuestro país. «Lo he echado en falta en todo, cada día», ha confesado su viuda, Marianne Sandberg, en su visita al plató de Y ahora Sonsoles. La segunda mujer del comunicador tuvo que hacerse cargo, en solitario, de los cuatro hijos que tenían en común cuando tenía solo 44 años, cuando la pequeña Andrea tenía solo 8. La educación de sus vástagos quedó entonces en exclusiva en sus manos.
Sandberg piensa que, quizás, de haber estado vivo Joaquín, habría conseguido encauzar de otra manera la vida del pequeño de sus hijos varones, Federico. Porque el más desconocido de ellos, el único que no se ha dedicado al mundo de la televisión, sufre de un problema de adicción a las drogas. Marianne destaca que Federico es el que tiene mejor carácter de todos sus hijos. Lo califica de «buena persona», «muy educado», el más cariñoso de todos y con la cualidad de que no se enfada jamás, a diferencia del resto. Quizás por eso, piensa, por esa capacidad de intentar agradar y no plantear problemas, ha caído en su adicción.
Su historia con las drogas se remonta a su época como marinero. «Navegaba, y una noche, el capitán puso cuatro rayas en el barco», ha narrado su madre, «y preguntó: "¿Quieres probarlo?"». Marianne lamenta ese episodio que supuso un punto de no retorno para su pequeño. «Maldito capitán... Que lo tome él, pero que no meta a los demás en este lío», expresa. Porque Federico, obviamente, dijo que sí a su jefe sin pensarlo. Y su madre lo achaca a su carácter. «Es más flojo», marca como su principal punto débil.
Es uno de los temas más difíciles de la vida de Marianne, que le ha dado muchos desvelos y muchos disgustos. Pero, como madre, nunca ha dejado de darlo todo para que su hijo se cure, para que deje de una vez por todas esta cruel adicción. «Lo he intentado todo, lo he tenido en veinte mil sitios, para curarlo», explica, «en ese sentido estoy tranquila, porque sé que he hecho todo lo que está en mis manos».
Desgraciadamente, no solo depende de ella. Ni de los centros que han intentado desprender a su hijo de sus adicciones. «Se ve que todavía no quiere», reflexiona, «cuando no se tiene fuerza de voluntad, es muy difícil». Admite que es un tema frustrante, en el que sigue gastando muchas energías. «Es luchar contra algo que, haga lo que haga, nunca sale bien», resume.
Ese gran problema es lo único que hace que Federico sea una persona muy difícil. Porque en todo lo demás no tiene nada malo que decir de su vástago. Más bien todo lo contrario. «Es especial», lo define con un evidente cariño, «hablo con él veinte veces al día, nos llama a todos, está pendiente de todos, lo sabe todo de nosotros». Pero, aun así, reconoce con lágrimas en los ojos que «es complicado».
Cuatro hijos de una historia de amor
La relación de Marianne con todos sus hijos es muy cercana. «Estamos muy unidos», dice. Especialmente que también hay nietos, que son ahora su gran alegría. Sandberg y el fallecido Joaquín Prat comparten seis hijos: Joaquín, Alejandra, Federico y Andrea.
No eran los primeros de Joaquín, que ya tenía dos hijas más de su primer matrimonio —Annabelle y Susan— con la irlandesa Anne McKiernan. A Marianne Sandberg la conoció en un avión con destino a Bilbao, cuando ya estaba separado de su mujer. El comunicador iba con el también locutor de radio Rafa de Benito —padre de Arantxa de Benito—, que actuó de celestina entre ambos.
Con su padre muy enfermo, Marianne quería cumplirle el sueño de verla pasar por el altar. Aunque quizás Joaquín Prat no era la persona que habría deseado para su hija. «Era un señor separado, con dos hijas y 22 años mayor que yo», recuerda. Pero, aun así, acabaron aceptándolo.
La celebración de la boda tampoco fue fácil por el anterior matrimonio del presentador. En España todavía no estaba permitido el divorcio, y Joaquín no había conseguido la nulidad matrimonial. Para poder casarse con Marianne fue a Santo Domingo con unos amigos y allí consiguió un papel que lo certificaba como divorciado. «Hoy lo puedo contar porque si no igual lo meten en la cárcel», dice. Con el documento, pudieron casarse en Dinamarca. Pero para hacerlo oficial en España tuvieron que esperar bastante más. Seis años después, nuestro país permitió el divorcio, pero su ex no lo aceptó, lo que retrasó el proceso otros dos años más.
Fue ahí cuando se volvieron a dar el sí quiero en España. Que tampoco estuvo exento de problemas, porque ella ya aparecía como casada, aunque fuera con el que iba a ser su marido en nuestro país. «En Pozuelo nos casamos, pero como yo estaba casada en Dinamarca, me dijeron que me tenía que separar, aunque era con él», relata.