Una pareja ideal. Él era una estrella absoluta, ella despegaba con fuerza. Clark Gable y Carole Lombard vivieron un apasionado romance que terminó con la trágica muerte de la actriz en un accidente aéreo, con solo 33 años
09 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando los locos años veinte habían llegado a su fin y el mundo estaba sumido en la incertidumbre tensa y gris de los años treinta, el cine era uno de esos escasos refugios en los que las vidas glamurosas, alegres y despreocupadas de los protagonistas de las películas se convertían en un alivio para un público cuyo día a día nada tenía que ver con aquellas historias de sombrero de copa y vestidos de lentejuelas. Era la época de las grandes estrellas, de los todopoderosos estudios de Hollywood que controlaban la carrera y la vida de sus actores y actrices. Todo era brillo, lentejuela, sonrisas y campañas publicitarias. Y gran cine, por supuesto. Un cine en el que reinaban nombres tan reconocidos, aún hoy, como Clark Gable. Y otros, mucho más olvidados, como Carole Lombard. A él le apodaban El Rey. Ella era una de las mejores actrices de comedia de la época. Sus carreras se habían cruzado en una película. Pero sus vidas se entrelazarían más tarde, en una historia de amor que Hollywood quiso convertir en el perfecto romance truncado por la tragedia. El matrimonio entre Gable y Lombard fue mucho más complejo que lo que la leyenda quiso contar. Infidelidades, alfombras rojas, idílicos ranchos... todo quedó roto con un accidente aéreo que acabó con la vida de la actriz y cortó una carrera en auge.
LA REINA DE LA FIESTA
Carole Lombard había debutado en el cine cuando era una niña. En los años veinte fichó por 20th Century, pero no fue hasta los primeros años de la década posterior cuando empezó a despegar. En esa época que se conoce como Pre-code, justo antes de que el puritanismo eliminase de las películas a las mujeres fuertes e independientes que hacían lo que les daba la gana sin necesidad de acabar condenadas o arrepentidas. Compartió protagonismo con James Stewart, Gary Cooper, Charles Laughton, e incluso con Clark Gable tan solo una vez. En aquellos años, estaba casada con el actor William Powell, otra estrella de la época, con quien había rodado ya dos películas, y repetirían (ya divorciados) en uno de sus mejores trabajos, Al servicio de las damas (Gregory La Cava, 1936), por el que la actriz recibió su única nominación a los Óscar.
En aquel momento, había vivido romances con buena parte de sus compañeros de reparto, y se la consideraba como una de las reinas de las disparatadas fiestas de Hollywood. Y de hecho, en una de esas noches fue cuando empezó a fraguarse su historia de amor con Gable.
EL REY Y UNA HIJA SECRETA
A Clark Gable, casado entonces por segunda vez, se le atribuían aventuras con medio Hollywood. En 1934 había ganado el Óscar al mejor actor por la memorable Sucedió una noche. Era uno de los actores mejor pagados de Hollywood, había cimentado su carrera como la representación de la masculinidad de la época, convertido en pareja estelar de la icónica Jean Harlow. Para los estudios MGM era un filón, aunque su escandalosa vida sentimental fuera un quebradero de cabeza para una industria en la que cada vez pesaba más ese puritanismo que acabó controlando hasta las bodas de sus estrellas. Claro que no todo se podía controlar: Gable había tenido un apasionado romance con la actriz Loretta Young, que se quedó embarazada. Fingiendo una enfermedad, ella se ocultó durante aquellos meses, hasta que dio a luz y, en una rocambolesca trama, mandó a la niña, Judy, a un orfanato. Un tiempo después, anunció que había adoptado a una niña. Que era su hija biológica era un secreto a voces en Hollywood. Y que el padre era Gable, también. A la propia Judy se lo contó un amigo, pero su madre siempre se lo negó. Aunque lo reconoció en sus memorias, publicadas póstumamente.
Así estaba Clark, padre de una hija no reconocida, casado todavía, pero con un romance en ciernes con Merle Oberon, cuando volvió a encontrarse con Carole en una fiesta legendaria, el baile White Mayfair de Beverly Hills. Bailaron, él se la llevó al hotel, ella le rechazó con su sarcástico sentido del humor, pero después le mandó unas palomas en son de paz. Aún tardaron un tiempo en tomarse en serio aquella historia, que cristalizó en otra fiesta. En el año 36 ya eran pareja..., aunque esto no impediría otros romances por el medio, y la sombra de la infidelidad que temía Lombard cada vez que Gable rodaba con cualquier actriz.
UNA BODA A TODA PRISA
A pesar de todo, la vida transcurría con calma para ambos. Aparecían felices, el público los adoraba, sus carreras relucían, y solo los estudios y sus complejas cláusulas se llevaban las manos a la cabeza: Gable seguía casado, y el divorcio no llegaría hasta tres años más tarde. De hecho, hubo que esperar a un descanso en el también complejísimo rodaje de Lo que el viento se llevó para que los actores, al fin se casaran. De esa forma, en el legendario estreno de la película en Atlanta, se presentaron ya como marido y mujer.
NO COJAS ESE AVIÓN
Y entonces, estalló la Segunda Guerra Mundial. Tras el ataque a Pearl Harbour que precipitó la entrada de Estados Unidos en la contienda, Carole se lanzó, como otras estrellas, a recaudar fondos para la guerra. En 1941 había estrenado la única comedia de Hitchcock, Matrimonio original, que fue un éxito. Tenía pendiente el estreno de Ser o no ser, obra maestra del maestro Ernst Lubitsch. Y entonces decidió volver a casa a toda prisa, cuentan las malas lenguas que no se fiaba nada de lo que Gable estuviera haciendo con su jovencísima compañera de reparto, Lana Turner. El 16 de enero de 1942 escogió el avión, y no el tren, a pesar de los consejos de su madre y su publicista, que viajaban con ella en aquella gira, para que no lo hiciera. El avión se estrelló esa tarde en el monte Potosí, en Nevada. Murieron 22 personas en aquella tragedia sin supervivientes.
Clark salió corriendo hacia el lugar del accidente, destrozado. A pesar de que el Ejército, conmovido por la entusiasta colaboración de la actriz, ofreció un funeral oficial, él se negó. La despedida de Lombard, que solo tenía 33 años, sería discreta, pero el duelo del actor fue terrible. Había nacido otra faceta de Gable: la del perfecto viudo de Hollywood. Y aunque se casó dos veces más, la leyenda cuenta que nunca superó la muerte de Carole, junto a la que fue enterrado en 1960.