Trump enfada al Reino Unido y Francia para defender la libre venta de armas

El magnate recurre a los atentados y el crimen en París y Londres para justificarse

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redacción / la voz

Una semana después de mostrar la mejor de sus caras ante sus aliados europeos en las sucesivas visitas de Emmanuel Macron y Angela Merkel a la Casa Blanca, Donald Trump volvió a incendiar la política exterior de su Gobierno para defenderse de una de las posiciones que más críticas genera en todo el mundo: la negativa a limitar la venta de armas en Estados Unidos. Ante un auditorio entregado, que idolatra el populismo del magnate, Trump recurrió a los atentados de París y a la epidemia de incidentes con cuchillos en Londres -que ha elevado su nivel de homicidios por encima de la tasa de Nueva York en los últimos dos años- para justificar el derecho de cualquier estadounidense a adquirir un arma de fuego.

Trump aludió ante los miembros de la Asociación Nacional del Rifle, de forma explícita, «a un hospital de una zona muy conocida de Londres donde los médicos aseguran que es como un hospital de una zona de guerra» y aseguró que la política estadounidense a favor de la autodefensa con armas de fuego podría servir para acabar con esa epidemia de ataques. Braceando y gesticulando, se dirigió al auditorio gritando «cuchillos, cuchillos, cuchillos», mientras parecía responder con un arma de fuego.

El Gobierno de Theresa May ya mantuvo numerosos roces con Donald Trump en los primeros meses del mandato del estadounidense. Quizá por ello, este sábado Londres optó por no ahondar en esa brecha de forma oficial. Sí lo hicieron los médicos y responsables del hospital de Whitechapel aludido para desbaratar el argumento de Trump. «Cuando quiera, lo invitamos a venir por aquí y discutir sobre nuestros éxitos en las políticas de reducción de la violencia», replicó a través de las redes sociales Martin Grifiths, uno de los cirujanos más prestigiosos del centro de salud.

Valls y Hollande, durísimos

Mucho menos comedidos se mostraron los exresponsables franceses del Gobierno, François Hollande y Manuel Valls, ante la alusión del presidente estadounidense a la seguridad en Francia. «Vergonzosos, obscenos e indecentes», replicaron sobre los comentarios de Trump el expresidente Hollande y su primer ministro Valls. «Los comentarios vergonzosos y las gesticulaciones obscenas de Donald Trump dicen mucho sobre lo que piensa de Francia y sus valores», consideró François Hollande en un comunicado. «La amistad entre nuestros dos pueblos no será manchada por la falta de respeto y el ultraje. Mis pensamientos son para las víctimas del 13 de noviembre», añadió.

«Indecente e incompetente. ¿Qué más se puede decir?», tuiteó Manuel Valls, acompañando un despacho con las declaraciones de Trump en Dallas, donde el magnate sostuvo que los atentados del 13 de noviembre del 2015 en París habrían provocado menos muertos si las víctimas hubiesen estado armadas.

«Fueron brutalmente asesinadas por un pequeño grupo de terroristas que tenían armas. Se tomaron su tiempo y los mataron uno por uno. ‘¡Bum!, ven aquí’, ‘¡bum!, ven acá...’», dijo el presidente estadounidense, haciendo con la mano el gesto de un yihadista disparando con una pistola contra las víctimas. «Pero, si un empleado, incluso un cliente hubiera tenido un arma, o si uno de ustedes entre los asistentes hubiera tenido un arma apuntando hacia la dirección opuesta, los terroristas habrían huido o hubieran sido baleados, y la historia hubiese sido otra», afirmó Trump a su entregado auditorio.

Esas palabras del estadounidense removieron muchas heridas en Francia, donde muchos no olvidan que el 13 de noviembre del 2015 hasta 130 personas fueron asesinadas y centenares heridas en una serie de atentados en París y Saint Denis (norte, cerca de la capital), en atentados reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Uno de los comandos mató a 90 personas en la sala de conciertos Bataclan. Las primeras fuerzas de seguridad en intervenir fueron unos agentes que se encontraban en el lugar de los hechos.

Vinculan una empresa del presidente con una red internacional de blanqueo de dinero desde Kazajistán

Tras el baño de masas de Dallas, Donald Trump acudió el sábado a Ohio para otro mitin con la vista puesta en las elecciones de mitad del mandato, que serán un test real del alcance de sus políticas sobre el electorado estadounidense. El neoyorquino aterrizó en Cleveland como un nuevo fantasma de su pasado asomando a través de las páginas del Financial Times. Según este periódico, una empresa del magnate estaría directamente vinculada con una red internacional de blanqueo de dinero procedente de Kazajistán, concretamente del entorno del exministro de Energía y exalcalde de Almaty, antigua capital del país, Viktor Khrapunov. La familia de este oligarca habría contactado con Trump a través de la compra de varios apartamentos en la torre que lleva el nombre del magnate en Manhattan.

La operación se llevó a cabo de una empresa, Bayrock, en la que el presidente de Estados Unidos tenía el 18 % del accionariado y donde compartía la gestión con Tamir Sapir, un emprendedor de Georgia, y Tevfik Arif, un funcionario de la antigua Unión Soviética que hizo su carrera profesional en los Estados Unidos. Con esos dos socios, Trump puso en marcha un nuevo modelo de negocio con el que esquivar la mala fama de sus bancarrotas: prestar su nombre para que otros inversores, casi siempre extranjeros, desarrollaran el proyecto a cambio de un porcentaje. Según las investigaciones tres empresas pantalla creadas por la hija de Khrapunov firmaron en el 2013 la compra de los tres apartamentos -en un bloque con un total de 46 pisos- por un importe de 3,1 millones de dólares, pagados en su práctica totalidad en efectivo a través del bufete de un prestigioso abogado neoyorquino que se negó a facilitar información alguna sobre la transacción ahora bajo sospecha.

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