berlín / corresponsal

Las diferencias sobre migración entre Angela Merkel y su socio de Gobierno más a la derecha, el jefe de la CSU, Horst Seehofer, no son nuevas. Arrancaron en septiembre de 2015, cuando la canciller decidió abrir la frontera a miles de refugiados. Ello le valió críticas de parte del también líder del Ejecutivo de Baviera, el estado federado por el que entraron la mayor parte de los 1,5 millones de inmigrantes que acogió el país desde entonces. Ahora, Seehofer amenaza con adoptar medidas unilaterales para reducir la cifra de llegadas, si Merkel no logra ofrecer una solución europea convincente para gestionar la crisis migratoria.

Una solución que no va a aportar la cumbre que se celebra hoy y mañana en Bruselas, dada la falta de consenso entre el bloque formado por los países del Visegrado, Austria e Italia, y el resto. Lo sabe la canciller al igual que sus socios de Gobierno, que no obstante imprimían ayer más presión tras finalizar un encuentro a tres bandas que no arrojó ningún resultado. «Sabemos desde hace tres años de la dificultad de una solución europea. El plazo ahora es claro», subrayó el presidente de la fracción parlamentaria de la CSU. Alexander Dobrindt dijo no entender «por qué es criticable» que Seehofer «quiera imponer en las fronteras el derecho vigente» y recordó inflexible que Merkel tiene solo hasta el lunes para actuar.

Si las divergencias persisten tras la cumbre europea y las reuniones internas que prevén mantener el domingo ambas formaciones, el jefe de la CSU y ministro del Interior pondrá en marcha su llamado «plan maestro». Un decálogo de medidas para contener la llegada de extranjeros que consta de 63 puntos, incluido el de expulsar directamente en la frontera a todos aquellos que accedieron al continente por otro país antes de continuar su travesía a Alemania. Un discurso muy alineado con el de los partidos de ultraderecha europeos, incluido el alemán AfD, que quedó tercero en las elecciones generales de septiembre y parte segundo para las regionales del próximo octubre en Baviera, bastión de la CSU.

«Tenemos una situación en la que lo que propone el señor Seehofer tiene implicaciones para toda Europa», criticó la líder del SPD, el tercer aliado en el Ejecutivo. Andrea Nahles es consciente de que, de cumplirse el ultimátum, enterraría automáticamente el Acuerdo de Dublín, generando un efecto dominó en el continente. Pero, además, Merkel tendría que cesar a Seehofer. Se rompería así la histórica alianza entre la CDU y la CSU, y por tanto, la recién estrenada coalición de Gobierno.

«Todavía no lo sé. Vamos a esperar y ver», respondió la líder socialdemócrata al ser preguntada si está preparando ya las elecciones anticipadas. «La situación es muy seria. No se trata de una nimiedad, sino de algo central e importante», aseguró el jefe de la bancada conservadora en el Parlamento, Volker Kauder.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

La CSU rechaza dar más tiempo a Merkel