Venezuela duda de los cambios de Maduro y se instala en la incertidumbre

El Gobierno anuncia que los funcionarios cobrarán en tres plazos por falta de billetes


CARACAS / CORRESPONSAL

En una Venezuela ya paralizada por la hiperinflación, la huelga general tuvo un seguimiento, según sus organizadores, del 60 %, aunque para el Gobierno de Nicolás Maduro -que organizó una manifestación de apoyo al programa económico del presidente-, no existió.

Un día después de la reconversión monetaria, la mayoría de los comercios seguían cerrados, recalculando costes, no solo del dólar, sino del nuevo salario, que alcanzó 30 dólares mensuales. El transporte, ya previamente colapsado, no salió a la calle, a pesar de que el gremio de transportistas no acató el paro, y en Caracas parecía domingo.

«El paro nacional es solo el comienzo de una serie de acciones de lucha. Yo espero que todos los sectores del país estemos incorporados, incluso los empresarios, que ayer dijeron que esto no era un paro de empresarios, y sectores por el estilo», indicó Andrés Velásquez, dirigente de La Causa R, partido de izquierda que promovió la huelga apoyado por el Frente Amplio Venezuela Libre, que integra a los principales grupos proscritos y, entre otros, gremios, el de los empresarios, Fedecámaras, que no se sumó a la protesta.

Pero Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Constituyente, afirmó, en esta instancia, que «la derecha engaña a su público y por eso no tienen cuórum» y agregó que «el 20 de agosto pasamos a la contraofensiva económica».

Según las encuestas, tanto el Gobierno como la oposición tienen rechazos cercanos al 80 %. La marcha organizada por el chavismo de «apoyo al programa económico» (que incluye un incremento del IVA del 12 % al 16 %) fue tan pobre en participación que ni siquiera la televisión estatal la transmitió. Y eso que la convocatoria para la mayor parte de los empleados públicos, no amparados por una Ley de Carrera Administrativa, es obligatoria.

El estallido

Sin embargo, los miedos de los venezolanos se centraban, más que en el IVA, en el temor del incremento salarial anunciado por el Ejecutivo, y el brutal salto que dio el llamado dólar paralelo en un día, que pasó de los 5 millones en los que había quedado el viernes a 93 bolívares soberanos, o 9,3 millones de los que regían antes del fin de semana.

En un país cuya industria ha colapsado tras 16 años de controles cambiarios cada vez más draconianos, la medida del incremento salarial del 3.300 % puede representar la estocada para el sector privado. El Gobierno ha ofrecido financiar los tres primeros meses del incremento a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, aunque también admitió que los funcionarios cobrarán este mes en tres plazos por falta de billetes.

El Gobierno insiste en que controlará los precios y que los de 25 productos de alto consumo estarán «acordados». Sin embargo, el fantasma de la escasez, ya altísima, se está acrecentando, sobre todo en productos frescos.

La inflación puede alcanzar el 4.000.000 % a fin de año

Un día después de que la moneda venezolana, según estadísticas oficiales, perdiera el 96,5 % de su valor, el Gobierno seguía sosteniendo que los precios se mantendrían, así fuera por las malas, pero el economista Ricardo Hausmann ha señalado que la inflación del 1.000.000 % que se estimaba para este año puede quedarse corta y la cifra real puede ser cuatro veces superior.

Para la vapuleada clase media venezolana el aumento de sueldos, que fue del 3.362 %, representa un verdadero desafío, no solo en sus empresas medianas o pequeñas, sino en sus propias comunidades. En los chats vecinales, la pregunta de rigor era con qué se va a pagar ahora a la conserje, a los jardineros o a (incluso más importantes) los guardias jurados que casi todos los edificios tienen en un país con una inseguridad endémica.

El incremento salarial no ha tocado los precios aún, fundamentalmente porque casi todos los comercios están «haciendo inventario» (un eufemismo para no decir que están recalculando) y porque los únicos negocios abiertos son las grandes cadenas, muy vigiladas por un Gobierno que, a través del propio Maduro, dijo que «si aumentan los precios se las verán conmigo».

«Ya dolarizaron los precios y no dijeron nada. Ahora es el momento de dolarizar, perdón, petrolizar los salarios. Yo les metí medio petro con el salario y cuidado con venir a aumentar los precios», dijo Maduro, entre chabacano y amenazante. El salario de 1.800 bolívares soberanos (unos 30 dólares) equivale a su vez a la mitad de una criptomoneda, el petro, creada por el Gobierno en enero y que ha sido sancionada por Estados Unidos.

Se dispara el mercado negro

Cada petro, en teoría, equivale a un barril de petróleo y un dólar equivale a una sexagésima parte de un petro, lo que a su vez determina el precio del nuevo bolívar.

Eso es en teoría porque, en la práctica, el dólar ya había saltado de 6 bolívares soberanos a 14 bolívares soberanos en los mercados negros, que aún no entienden cómo Maduro liberó la moneda, pero parece igual de controlada que siempre. El kilo de pollo en algunos comercios ya se había triplicado ayer. La culpa no la tiene tanto la devaluación como el incremento desmesurado de los salarios, según el economista Henkel García, que cree que no es cierto, como sostiene el Gobierno, que los precios estén dolarizados, especialmente los de los servicios.

Las medidas de Colombia contra los venezolanos que huyen generan preocupación

El Gobierno brasileño envió un piquete de las Fuerzas Armadas a Pacaraima, la primera ciudad en la frontera entre Venezuela y Brasil, donde el fin de semana un grupo de migrantes venezolanos fueron atacados por una turba que les quemó las tiendas de campaña, luego de que un comerciante de ese poblado fuera robado y acuchillado, supuestamente por venezolanos.

La administración de Michel Temer, que ya logró revertir hace tres semanas un fallo de un tribunal en el que se ordenaba cerrar la frontera a los venezolanos, ahora enfrenta una nueva demanda ante un juzgado federal, presentada, nuevamente, por la gobernación del estado de Roraima, fronterizo con Venezuela.

Brasil es apenas un ejemplo de las crecientes dificultades que enfrenta una diáspora de la que ya han sido parte 2,3 millones de personas, desde comienzos del 2017, según datos de la ONU.

Los emigrantes más recientes son de clases más pobres y han dejado de tener pasaporte, pues el Gobierno venezolano no solo ha imposibilitado obtener uno nuevo, sino que ha prohibido a las personas con doble nacionalidad salir sin el documento local.

En Colombia, por donde tienen que pasar forzosamente los migrantes, se teme que un bloqueo en la frontera ecuatoriana genere un problema en ambos extremos del país: el norte, donde 40 % de los migrantes llegan malnutridos, según Acnur; y el sur, en el paso fronterizo de Rumichaca.

Buques hospital de apoyo

El Gobierno estadounidense ha enviado el buque-hospital Comfort, con más de 1.000 camas, para atender a los migrantes venezolanos. La respuesta del Gobierno de Nicolás Maduro ha sido rápida: ha anunciado la llegada de un «buque hospital chino» (no ha habido precisión en el nombre) para «paliar el sabotaje» de Estados Unidos, según anunció el secretario del Consejo de Defensa, Angiolillo Fernández.

Nada extraño en un Gobierno cuyo número 2, Diosdado Cabello, admitió el lunes que con las medidas económicas anunciadas por Nicolás Maduro el fin de semana «volverá el éxodo de colombianos a Venezuela».

Se calcula que unos cinco millones de venezolanos tienen origen colombiano, a raíz de las masivas migraciones de las décadas de los 70 y 80, entre dos países históricamente hermanados. El propio Maduro es hijo de colombianos y se ha rumoreado que él mismo nació en Cúcuta.

 

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