Trump sella una paz temporal con México para salvar el comercio

EE.UU. pretende marginar a Canadá tras arrancar a los mexicanos mejores condiciones para el sector del automóvil

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NUEVA YORK / CORRESPONSAL

Tras más de trece meses de arduo trabajo entre la diplomacia y los gobiernos, parece que EE.UU. y México van limando asperezas. «Es un acuerdo increíble para ambas partes», dijo este lunes un Donald Trump entusiasmado en el Despacho Oval refiriéndose al pacto bilateral que habían conseguido cerrar para sustituir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC).

Con este paso, ambos países pasaron la pelota al tejado de Canadá, el tercer miembro del TLC (o NAFTA por sus siglas en inglés), aunque Trump no pareció estar muy por la labor de querer continuar de la mano del primer ministro canadiense Justin Trudeau. «Lo vamos a llamar Acuerdo Comercial Estados Unidos-México», dijo el magnate mientras marcaba las teclas de su teléfono. Al otro lado, esperaba impaciente Enrique Peña Nieto que definió el acuerdo como «muy positivo» y, al contrario de lo hizo Trump, expresó su «deseo» de que Otawa se «reincorpore» al pacto.

Tras semanas de negociaciones y 25 años de vigencia, el nuevo acuerdo incluye al sector del automóvil con un aumento del porcentaje de los componentes que deben proceder de EE.UU. y México del actual 62,5 % al 75 % y que el 40 % de la producción sea hecha por trabajadores que cobren más de 16 dólares la hora. El pacto abarca los próximos 16 años, aunque habrá una primera revisión cuando se cumplan seis años.

El camino ahora pasa por un envío del texto al Congreso donde los legisladores tienen 90 días para revisarlo, es decir, que la ratificación tendría lugar a finales de noviembre. Sin embargo, es muy improbable que las cámaras aprueben un tratado bilateral sin Canadá, por lo que la llamada entre dirigentes podría ser interpretada como una simple herramienta para presionar a su vecino del norte. El Gobierno de Trudeau dijo que solo firmarán un nuevo TLCAN «que sea bueno para Canadá y bueno para la clase media».

Sin brindis con tequila

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la relación con México no ha pasado por sus mejores momentos. La intención del republicano de levantar un muro entre países elevó la tensión a sus cotas más altas. Ayer sin embargo, Enrique Peña Nieto corrió un tupido velo: «Señor presidente, lo siguiente es hacer un buen brindis con tequila para celebrar», dijo el mexicano olvidando, eso sí, que Donald Trump no bebe alcohol.

El último desplante del magnate a McCain

La mutua animadversión que se profesaron Donald Trump y John McCain continuó incluso después de la muerte del senador. Y es que ayer en Washington muchos no daban crédito. Después de que las banderas de la Casa Blanca se izasen a media asta durante apenas un día, el lunes volvieron a ondear en lo más alto. En contraste, las banderas del Capitolio, el Monumento a Washington y muchas otras de organismos oficiales continuaron bajadas en señal de respeto por el senador que falleció el pasado sábado a causa de un cáncer cerebral.

Ante las preguntas de los periodistas, Trump permaneció en silencio y de brazos cruzados. El Código de Bandera de EE.UU. establece que para un miembro del Congreso, estas se bajan «el día de la muerte y al día siguiente». Sin embargo, es un plazo que puede extenderse si el jefe del Ejecutivo así lo desea. Por ejemplo, cuando el demócrata Ted Kennedy falleció en el 2009, Obama ordenó que las banderas en la Casa Blanca permaneciesen a media asta cinco días.

Comunicado conjunto

El desplante provocó un enfado mayúsculo en el Congreso, donde los senadores estadounidenses de ambos partidos emitieron un comunicado para que las banderas volvieran a bajarse en honor a John McCain.

Los atrevimientos del neoyorquino no se quedaron aquí. El mandatario vetó un comunicado oficial de condolencias de la Casa Blanca donde se calificaba al senador fallecido de héroe. Tanto la portavoz, Sarah Sanders, como el jefe de gabinete, John Kelly, y muchos otros funcionarios del ala oeste abogaron por alabar el servicio militar de McCain por su desempeño en Vietnam, algo a lo que el magnate se negó asegurando que prefería escribir solo un tuit. Después se fue a jugar al golf. Trump ya minimizó en su campaña el hecho de que el republicano fuera prisionero de guerra y dijo que prefería «a la gente que no ha sido capturada».

La hostilidad era recíproca, ya que antes de morir McCain dejó claro que no quería que el magnate asistiese a su funeral. «El vicepresidente Mike Pence es la persona designada por la administración para asistir», confirmó su portavoz Rick David.

Los funerales arrancarán mañana y durarán hasta el domingo, día en el que será enterrado en la Academia Naval de Annapolis (Maryland). El viernes, se instalará una capilla ardiente en el Capitolio, un honor reservado para «los ciudadanos más prominentes del país».

Una exasesora de Trump: «Donald amenazó a Melania con deportarla si pedía el divorcio»

S. Cabrero
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Omarosa Manigault Newman publica un libro en el que asegura que la primera dama está «contando los minutos para que Trump deje la presidencia y así poder divorciarse»

A Donald Trump le crecen los enanos. El presidente de EE.UU. asiste desde hace ya meses a un continuo escarnio publico en forma de best seller. Steve Bannon, ex jefe de estrategia del mandatario, abrió la veda con su «Furia y Fuego». Pero fue solo el principio. En los últimos meses han sido muchos los miembros del equipo de trabajo de Trump los que han salido por la puerta de atrás de la Casa Blanca. Y otros tantos los que han decidido tomarse la revancha aireando los trapos sucios en platós, en periódicos y, últimamente, en formato libro. 

Omarosa Manigault Newman es la encargada de firmar el último. Esta mujer de 44 años pasó de ser una de las creaciones televisivas del magnate a ocupar uno de los cargos de asesora durante 11 meses. Menos de un año que ahora se ha propuesto exprimir a golpe de plató hasta sacar hasta la última gota de jugo. Newman comenzó su relación con Trump en El aprendiz, el concurso de telerrealidad sobre negocios que el ahora presidente presentó durante años. Debió de caerle simpática al multimillonario. Porque el salto fue mayúsculo. De la pequeña pantalla pasó directamente a una silla en la Casa Blanca, una posición privilegiada que le sirvió para llenar de contenido su Unhinged (Volátil), el último grito editorial que mantiene en un tenso silencio al círculo cercano del presidente.

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