La manga ancha del mal menor

OPINIÓN

22 may 2016 . Actualizado a las 10:02 h.

Manuel Monereo será cabeza de lista de Unidos Podemos por la circunscripción de Córdoba. No es una noticia de las que hacen parar las escasas rotativas que quedan por ahí, pero podría serlo, si recordamos que, hace tan solo unos meses, cuando Podemos presentó a una candidata sevillana a la cabeza de la lista cordobesa, fueron muchos los medios que se hicieron eco del siniestro. La diferencia entre el entonces y el ahora estriba en que, entonces, fueron los militantes cordobeses de Podemos los que pusieron el grito en el cielo, mientras que ahora se vive en estado de aquiescencia o resignación con respecto a esas decisiones personales e intransferibles de Pablo Iglesias. Pero es curioso que algunos medios dejen pasar la ocasión de hacer sangre. Yo tengo mi propia opinión al respecto, pero la dejaré escrita y sellada y ya hablaremos después del 26 de junio.

Mientras tanto, en Galicia, Anova se dispone a repetir las primarias para elegir a sus candidatos y a sus candidatas para las próximas generales. Son estilos diferentes. Y en política el estilo es importante, es lo que marca la diferencia entre un programa atractivo y una movilización popular: ese matiz que convierte lo razonable en posible, la marca de agua que hace nacer la confianza o abona la suspicacia. Seguramente esas diferencias de estilo están por encima (o al lado) de las formalidades; así, Pablo Iglesias no logró transmitir una impresión de personaje dialogante, preocupado por las inquietudes de los militantes de su propio partido, cuando confeccionó la lista con la que concurrió a las primarias de Podemos previas al 20D, a pesar de que, con todas las tachas que pudiera tener aquel proceso (y tenía muchas, y no es que uno se cortara de airearlas en su momento), había algo fundamental que respetaba, a saber, la pulcritud con que se atenía a un procedimiento que contaba con una adhesión no por acrítica menos mayoritaria. Meses después, esta renovación o confluencia o convergencia o como quiera que se llame la cosa en el momento histórico de hoy, sin ser de otro estilo, transmite una impresión mucho más descarnada y hostil hacia el propio entorno en que Podemos surgió. Hace más visible, si cabe, ese estilo, amplificándolo. Y lo hace porque se puede, esto es, porque ya no está en la agenda de nadie la conformación de las listas de los partidos, un tema fundamental en las discusiones post-15M y que interesó, y mucho, a los medios de comunicación antes de esta última y volátil legislatura.

Son estilos. Y si hay algo en el estilo de Pablo Iglesias que recuerda al de un oso de algodón de azúcar de dieciséis pisos, que lo mismo te mata de hiperglucemia que te aplasta con todo su peso, así también ese estilo, al cruzar la Cordillera Cantábrica, se adapta a los matices del verde y hace de la contradicción su razón de existir, algo loable hasta cierto punto, ya que renuncia a enmascarar lo que no tiene más lecturas que una (y no una lectura agradable). Aquí, por lo visto, es un problema el sexo (con perdón) de Manuel Orviz, cuya evidente e involuntaria masculinidad es un obstáculo para la confección de una lista cremallera. Permítanme ser un poco más pelma de lo normal con este asunto.