La lengua  es revolucionaria


¿Qué hacías el 15M?

Como muchas personas yo seguí a través de los medios lo que ocurría en la Plaza del Sol aquellos primeros días; al principio con curiosidad, luego sumándonos a la indignación, y poco a poco la frustración que sentíamos en aquel momento dio paso a la convicción de que era posible buscar alternativas, nuevas formas de hacer política, más coherentes con los valores de una sociedad solidaria, y madura políticamente. No se trata de idealizar aquel movimiento pero sí de recordar la capacidad que tuvo para convencernos de que unidas podíamos cambiar las cosas. Y lo digo en femenino porque el femenino genérico se usó ampliamente durante la primera etapa. No fue algo totalmente innovador porque por ejemplo ya era común con anterioridad dentro de los partidos ecologistas, pero fue muy emocionante que por primera vez ese uso del lenguaje se extendiera masivamente entre la multitud que acudía a las manifestaciones con ilusión, dignidad, y a veces también venciendo el miedo. Es cierto que su uso fue decayendo con el tiempo, (a todas nos cuesta cambiar los viejos hábitos ) pero seguro que muchas recordáis cómo arraigó naturalmente al principio, asociado a la nueva conciencia política que trataba de abrirse paso.

El uso indiscriminado del femenino para dirigirse tanto a hombres como mujeres en base a la autodefinición de todos los individuos como personas, sirvió entonces para extender rápidamente la movilización social.

¿Por qué? Porque la revolución de las personas persigue defender lo que tenemos en común todas nosotras; los derechos y las necesidades que forman parte de nuestra naturaleza. Es la que quiere construir un sistema más humano que nos permita vivir a todas en condiciones dignas y realizarnos. Y es también la revolución de las iguales. La que se estructura de modo horizontal, colaborativo, y solidario.

Nuestra lucha como personas no se hace en contra de otras sino en contraposición a los mecanismos que alimentan un sistema perverso e inhumano. Contra las estructuras que nos oprimen, contra las dinámicas económicas que nos explotan, y contra las formas de hacer política que nos excluyen. Somos Las Personas, y decir que lo somos nos recuerda qué queremos, para qué y cómo vamos a conseguirlo.

El femenino genérico es una declaración política. Una declaración de los principios y los valores humanos que guían las revoluciones armadas con la palabra y el pensamiento. El uso del femenino genérico permitió además desarrollar una fórmula sencilla de lenguaje inclusivo que fue decisiva para facilitar la incorporación de las mujeres y nuestra participación política.

Por ello, cinco años después del 15M, que la nueva coalición política de la izquierda haya optado por una denominación exclusivamente en masculino resulta inquietante y desalentador. No podemos resignarnos a aceptar que es muy difícil que una parte de la sociedad asuma la importancia del femenino genérico. No mientras esto implique negar la necesidad de transformación profunda a nivel político y social y la urgencia de crear espacios inclusivos a nivel de género. Pero el camino del cambio no es una línea recta por la que podemos avanzar a un ritmo constante, son necesarias muchas paradas, caídas y retrocesos, sin desalentarnos para continuar avanzando. Las numerosas voces críticas que estos días han manifestado su desacuerdo con el nombre en cuestión demuestran que existe una sensibilidad que hace cinco años aún era minoritaria, cuyo desarrollo es resultado de un largo recorrido, y esto supone también un impulso para seguir adelante.

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