Y el PP, sin embargo, se mueve

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Muy mal tiene que estar España para que la opción de Gobierno preferida no solo por la mayoría de los ciudadanos, según los sondeos, sino también por los mercados internacionales y los que sitúan la estabilidad como un requisito indispensable para la prosperidad, sea la de que el próximo Ejecutivo lo encabece un partido al que un juez acaba de exigirle que deposite una fianza de 1,2 millones de euros, bajo amenaza de embargo, por su presunta responsabilidad civil en los delitos supuestamente cometidos por dos de sus extesoreros y un exgerente al manejar durante al menos 18 años una caja B para financiar ilegalmente el partido. Álvaro Lapuerta, Luis Bárcenas y Cristóbal Páez, exresponsables todos ellos de las finanzas del PP, van a ser juzgados por los delitos de organización criminal, asociación ilícita, apropiación indebida, falsedad contable, falsedad documental, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, delito electoral y contra la Hacienda Pública. Semejante lista de terroríficas acusaciones contra quienes manejaban los dineros de una fuerza política bastaría en cualquier otro país para tumbar a ese partido y dejarlo fuera de combate durante una larga temporada. En condiciones normales, a la oposición a un Gobierno con semejante lastre le habría bastado una labor aseada y coherente para ganar las elecciones. Y el PP, sin embargo, no solo se mueve, que diría Galileo, sino que a día de hoy es el que tiene más posibilidades de gobernar a partir del 26 de junio. Tiene, de hecho, muchas más posibilidades que hace cinco meses, cuando a pesar de ganar los comicios parecía imposible que llegara a formar Ejecutivo.

A alguno le puede parecer inexplicable que en esas condiciones el PP siga siendo la fuerza más votada, pero lo que realmente refleja esa insólita situación es la enorme desconfianza que suscitan los partidos que aparecen como posibles alternativas. Es decir, el PSOE y Podemos. Y ello es así porque quienes meditan votar al PP tienen claro al menos lo que pueden esperar. Y, si no lo tenían, ya se lo aclara Rajoy en su carta a Juncker: recortes y más de lo mismo hasta que escampe. Con Pedro Sánchez, sin embargo, es imposible aclararse, porque reivindica un Gobierno de izquierdas, pero pacta con Ciudadanos, que es algo así como beber y sorber al mismo tiempo. Sánchez afirma que si al final depende de Pablo Iglesias, sospecha que no será presidente. Pero, desgraciadamente para él, lo que la gente quiere saber a estas alturas es más bien si él está dispuesto a hacer presidente a Pablo Iglesias en el caso más que probable de que el segundo sea Podemos. Que ya les adelanto yo que no. Y tampoco es precisamente certeza lo que suscita alguien como Pablo Iglesias, que reivindica y vende transversalidad, nueva política y hasta centrismo, pero se presenta en coalición con el Partido Comunista. Jamás una oposición lo tuvo todo tan a favor para derribar un Gobierno. Y, por ello, su fracaso dará la verdadera medida de su incompetencia.