La economía del goteo


El concepto lo inventó un humorista, Will Rogers, en tiempos de la Gran Depresión y lo puso en práctica, con especial empeño y total seriedad, Ronald Reagan en 1981. El trickle-down effect, la economía del goteo o efecto derrame. Pasma por su sencillez y por el éxito que obtuvo en los países occidentales. Deje usted que los mercados campen a sus anchas y llenen la copa de los ricos hasta que esta, rebosante hasta los bordes, comience a verter gotas del licor y el líquido se derrame por toda la economía, aliviando la sed de las gargantas resecas. Más aún. Si los mercados no consiguen colmar el recipiente, porque atraviesan un período de ley seca, échele una mano el Estado: lo que hizo Reagan con su fenomenal rebaja de los impuestos que pagaban los más ricos.

La copa en España está casi llena. Lo acaba de confirmar el INE: el PIB del primer trimestre de este año casi alcanzó al del cuarto trimestre del 2007. Solo un minúsculo 0,6 % separa ambas magnitudes. Así que un poco más de paciencia, como recomendaba en su día nuestro presidente, que axiña empezaremos a sorber el benéfico chorrito. Mariano Rajoy, ya metido de lleno en la nueva refriega electoral y enfundado en la camiseta reaganiana, demuestra palmariamente su fe en la teoría del goteo: «La recuperación llegará a todos si se mantienen las políticas y hay sensatez».

La causa por la que los ciudadanos de a pie no perciben todavía los dones de la recuperación la explica también el INE. El dinero destinado en retribuir a los asalariados disminuyó un 3,3 % en ocho años. El pasado primer trimestre cobraron 4.374 millones de euros menos que en el último trimestre del 2007 (datos homogéneos y desestacionalizados). Hay menos nóminas y estas son más delgadas. Mal puede percibir la recuperación el trabajador que continúa en el paro, el que agotó su prestación por desempleo e incluso el que encontró un trabajo por horas y remuneración misérrima si antes dispuso de empleo a tiempo completo y sueldo decente. Mientras se reducía el peso de las rentas del trabajo en la riqueza nacional, los beneficios de las empresas crecían un 2,4 %. Y España se convertía en el primer o segundo país con mayores desigualdades de Europa. Algo lógico y coherente con la teoría del goteo: el vaso aún se está llenando. Paciencia.

No pasa nada. Ya lo dijo el economista -liberal, claro- Alan Blinder: «Una marea que crece arrastra a todas las barcas». Únicamente los antisistema y cuatro desesperados ponen en cuestión tal evidencia. Heterodoxos como Alberto Alessina y Dani Rodrick, quienes, después de analizar la evolución de 65 naciones industriales, concluyeron que existe una relación inversa entre desigualdad y crecimiento económico. O rojos como el papa Francisco, que se mete en asuntos que no son de su incumbencia y condena la tesis del goteo. O cómicos, como Will Rogers, quien, después de acuñar el concepto, concluyó que la riqueza no gotea ni derrama. Gentes de poca fe.

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