Cerrarlas es un gran ahorro. Falso.
Cerrar una empresa implica un coste que casi nunca se detalla para magnificar el ahorro. En la mayoría de las partidas, no se ahorra, solo se desplaza el gasto de una administración a otra. Los trabajadores pasan a sumar en la factura del paro y la deuda pasa a Hacienda. La deuda que arrastran muchas televisiones debe satisfacerse igual, sigan abiertas o cierren. De hecho, el principal problema de esas televisiones no reside tanto en el coste de su funcionamiento como en su endeudamiento. Desde 2007, las autonómicas han reducido su coste total en más de un 40% y los costes laborales en más de un 20%. Sin embargo, los costes de amortización se han duplicado. A estas cuentas, añadan el impacto brutal que el cierre tiene sobre el sector audiovisual privado estatal y autonómico. Más gente al paro, más empresas cerradas, menos tejido industrial, menos valor añadido.
Ese dinero se necesita para sanidad o educación. Pura demagogia.
Ese dinero, en muchos casos, se ha despilfarrado en fútbol o coches. Es como cuando Wert recorta cincuenta millones en becas Erasmus alegando la necesidad de ahorrar pero emplea 70 millones en concertar colegios privados que segregan por sexo. Se trata de una decisión ideológica. Nunca hay dinero para lo público, sea televisión, educación o sanidad. Pero siempre sobra para lo privado, sea un colegio, un coche o un club de fútbol.
No son un servicio público imprescindible. Falso.
Muchos asturianos, gallegos o catalanes nos informamos en esas televisiones cuando pasa algo aquí que importa poco a los medios estatales. O que careceríamos de una oferta de medios en nuestras lenguas propias si se cerrasen las televisiones públicas que ahora los emplean y difunden casi en solitario. La lengua propia es un valor cultural, pero también un bien de mercado y una inversión.
Solo pueden ser instrumentos de propaganda. Mejor, cerrarlas. Falso
Es cierto que se usan muchas veces como instrumentos de propaganda, pero eso no implica que tengan que pagar por ello sus trabajadores y sus espectadores. Sus despidos se cierran habitualmente con indemnizaciones millonarias. La televisión pública no es necesariamente la televisión del Gobierno. No hay nada de malo en el modelo público. Puede ser de calidad y plural. Lo demostró la Televisión Española de Zapatero y lo demuestra a diario la BBC.
Todos salimos ganando. Falso
Las empresas que van a hacerse a precio de saldo con los recursos que el cierre de una televisión pone en el mercado ganarán mucho más. No digamos los medios privados. Ese dinero que usted cree que se ahorra se lo van a gastar igual, pero ahora de manera opaca y en hacerse publicidad entres sus medios afines y amigos. Es el truco más viejo del mundo.
En definitiva, toda televisión autonómica genera empleo y valores democráticos. Y deben evolucionar en cuatro aspectos fundamentales: asegurar su financiación con absoluta transparencia, mejorar la calidad de los contenidos, adaptarse a las nuevas tecnologías como gran reto y profundizar en la independencia profesional.
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