La gran coalición y el populismo fiscal


Frente a la propuesta de incrementar los impuestos y la recaudación fiscal que hoy aportan en España los más privilegiados sectores sociales, defendida por quienes se autodenominan nueva socialdemocracia española (Pablo Iglesias en Sitges), se ha ido configurando un curioso populismo transversal que vende al electorado el no subir impuestos (o incluso el bajarlos). Un populismo en toda regla porque ¿quién no compraría una solución así?

No es de esta opinión, en mi lectura, el Círculo de Economía cuando opina en su reunión de este año que «hay que aceptar que las reformas conllevan ganadores y perdedores y, por ello, se debe tratar de hallar un equilibrio entre unos y otros? diseñar e implementar las reformas de tal forma que se minimice el coste para los perdedores, y que puedan aplicarse en el tiempo de modo que no agraven la recesión y la desigualdad».

Se trataría de definir quiénes deben perder (al aportar más de lo que ahora hacen) para que otros ganen (en rentas o servicios ahora insuficientes). Frente a la milonga populista de que muchos podrán ganar sin que nadie pierda.

Aquella idea populista -en lo económico y en lo fiscal- se nos vende con el razonamiento de que la única forma de incrementar los recursos públicos es con un intenso crecimiento económico que genere millones de empleos. Justo por eso el detraer más ingresos públicos de los más ricos penalizaría inversiones que huirían a paraísos aún más lejanos.

Los vendedores del pleno empleo con populismo fiscal, por la mañana, son los mismos que venden, por la tarde, la industria 4.0 o la España 4.0 con un futuro en el que los sistemas inteligentes lo revolucionan todo. Nueva economía que ya está provocando que el mayor fabricante chino de telefonía móvil vaya a prescindir de sesenta mil empleos, o que Adidas se plantee volver a manufacturar zapatos en Alemania: eso sí, en una fábrica totalmente automatizada.

No tragar con este populismo reclama aclarar quienes han perdido más a lo largo de esta crisis, y quienes han salido de rositas o siguen forrándose a costa de los contribuyentes. Para, a los más perjudicados de los primeros permitir que les mejoren sus rentas (pensiones, desempleo, pobreza) y los servicios que necesitan (sanitarios, educativos, vivienda), mientras a los segundos se les emplaza a un esfuerzo homologable con la media europea.

Es esta la única forma de escapar de la ratonera del populismo troikista que, en nombre de los objetivos de déficit público y de deuda, reclama a los primeros que sigan soportando perdidas mediante ajustes de gastos (en pensiones o sanidad por ejemplo), en el supuesto implícito de que los segundos son intocables porque harían descarrilar la recuperación y el empleo.

Ese populismo neoliberal del no subir impuestos nos vende un futuro para España con mucho sub empleo en los servicios turísticos, con mucha retórica del modelo 4.0. y con el virtuoso dinamismo de una creciente desigualdad social. Un populismo al que la troika, en vez de organizarle corralitos, incluso le perdona las multas.

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