Nos queda la palabra


La gestión del tiempo es un valor en alza cuando vivimos a un ritmo vertiginoso, inmersos en un laberinto en el que sentirse informado obliga a encontrar mensajes, acordes con nuestros intereses, entre múltiples canales entrecruzados y en permanente actualización que aspiran a captar nuestra atención.

El espacio de comunicación orientado a la actividad política está saturado de información en la que prevalece un denominador común, el ensalzamiento de la imagen del líder, siempre idolatrado, investido de ambiguas y calculadas estrategias electorales, gestos destinados a ser interpretados y apelaciones al sentimiento del votante; mientras a su sombra se cocinan encuestas y reproducen tertulianos, ávidos de convencernos sobre los próximos movimientos y el resultado final de la partida.

La repetición del proceso electoral viene acompañada de una ruidosa avalancha de consignas emitidas por los partidos políticos, lo que invita a que nuestra capacidad reflexiva se agudice y, como un acto instintivo, de autodefensa, el sentido del humor torne en sarcasmo, actuando como eficaz laxante que minimiza las consecuencias de un ritual en el que dominan indicadores y tendencias económicas que transforman al «ciudadano protagonista» en mero «ciudadano sufridor».

Se reproduce un paisaje desolador, donde se contrapone la madurez de un pueblo forjado en valores democráticos y conocedor de sus necesidades, al simplismo de quienes tienen como único objetivo continuar ostentado el poder, pertinaces en argumentos políticos y escenarios geográficos ajenos a las «urgencias» de los ciudadanos a los que aspiran a representar.

Aún abrigamos la esperanza de que surja algún destello de cordura que haga reaccionar a los amados líderes, sus recientes fracasos deberían hacerles sacar conclusiones y poner empeño en recuperar el contacto con la realidad, vislumbrando lo distantes que sus discursos se encuentran de los problemas y anhelos que vivimos las personas.

Tome nota: generar empleo, recuperar los derechos laborales, fortalecer los servicios y prestaciones públicas (sanidad, educación, pensiones, ayuda a la dependencia?), luchar contra la pobreza, erradicar la violencia de género, implantar una fiscalidad justa, hacer efectiva la solidaridad internacional, regenerar la vida política e institucional.

Comience por ahí, aplíquese en las propuestas, acompáñese de un equipo de trabajo competente y apóyese en las bases sociales a las que aspira a representar, asumiendo que los líderes carismáticos y solitarios que encabezan proyectos colectivos, nunca fueron creíbles y están condenados, tanto ellos como sus propuestas, a sufrir un absoluto descalabro.

Mantener con dignidad la identidad del partido político que representa, sin ambigüedades, ni sonrojos, no significa renunciar al diálogo y la negociación, muy al contrario, conforman un espacio que debe compartir con quienes aspiran a un modelo de sociedad común.

No se confunda, ni pretenda convencernos, las mayorías absolutas no son posibles, la actual situación política es reflejo de la diversidad, y la disposición a sumar voluntades un valor que contribuye a dar credibilidad a los programas electorales y hacer posibles las iniciativas políticas propuestas.

Los electores esperamos que defina claramente las soluciones que aporta a los problemas que vivimos, en qué están ustedes de acuerdo, la voluntad de consenso que manifiesta y con quienes estén dispuestos a establecer compromisos; no son cuestiones menores, influirán de forma determinante en el sentido del voto.

Exigimos vernos representados en un sistema transparente, háganse dignos de estar a nuestro servicio, demuestren que han aprendido de sus recientes errores, sabemos que no todos son iguales, ni representan los mismos intereses, ahora somos nosotros quienes tenemos la palabra, no nos hagan perder de nuevo el tiempo.

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