La batalla de la izquierda


Sánchez puede seguir escondiendo la cabeza, como el avestruz, pero por mucho empeño que ponga eso no va a cambiar la realidad. Y la realidad es que el día 27, sea cual sea el resultado electoral, sea segundo o tercero, tendrá que decidir si da la mano a Iglesias o le vuelve la espalda. Una decisión de la que dependa no solo la formación de Gobierno sino también el futuro de la izquierda. Cuestiones trascendentes sobre las que los ciudadanos necesitan estar informados para votar sabiendo cómo y para qué va a ser utilizada su papeleta. Negar esa información por estrategia política es un desprecio a los electores. El PSOE necesita aclarar su discurso, y no solo por decencia democrática. Por su propia supervivencia. Los socialistas perdieron la brújula con los recortes de Zapatero y desde entonces van dando tumbos sin saber dónde está el horizonte. Sus quiebros en corto intentado obtener réditos electorales inmediatos no van a solucionar su problema de fondo. Al contrario, su indefinición deja terreno libre para que lo ocupe una amalgama de grupos de izquierda radical y/o oportunista con un discurso preñado de arribismo. La epifanía socialdemócrata de quienes hasta ayer exhibían como referentes a anticapitalistas furibundos, contrarios al euro y populistas iberoamericanos no es un buen aval. Pero puede bastarle si el PSOE se deja ganar la batalla de la izquierda. Millones de españoles buscan el cambio en Podemos -que les dice lo que quieren oír, aunque sea un canto de sirenas- porque los socialistas han dimitido. Tienen diez días para revertir la situación y demostrar que son la izquierda necesaria. Si no, irán al desastre. Y no solo ellos.

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