Carta abierta a Esperanza


Estimada Esperanza,

La coalición Unidos Podemos me ha hecho llegar la carta que desde Londres les envías a tus padres para que, en lugar de meditar mi voto y analizar racionalmente las distintas opciones en juego, me deje llevar por las emociones a las que tanto juega el partido de Pablo Iglesias (porque en esto el sello de la misiva es claro y la sobria IU se nota que pinta poco) y, alcanzando la conclusión de que todo en España es una mierda (razón por la que, según se deduce, te fuiste) decida entregarles mi apoyo. Naturalmente que siento simpatía hacia ti porque también soy de la generación que merendaba viendo Barrio Sésamo y porque entiendo, por amigos y familiares que se baten el cobre por esos mundos, lo que es el sentimiento de señaldá. Ahora bien, dado que el equipo de comunicación morado te ha dado vida imaginaria y me ha puesto en contacto contigo a través de la carta, me siento legítimamente autorizado para comentar abiertamente algunas cosas de ella.

Amiga Esperanza: somos de las primeras generaciones nacidas en un país donde nuestros padres y abuelos se las arreglaron para construir un sistema democrático avanzado, votando mayoritariamente una Constitución, la de 1978, que permitió el desarrollo de las libertades públicas, la protección legal de los derechos fundamentales, el autogobierno de las Comunidades y las políticas sociales, en niveles como jamás conoció España en su historia. Tú como yo, claro, tenemos plena facultad para poner de manifiesto que algunas cosas se han quedado viejas y otros problemas se han agudizado hasta el punto de que algunas costuras del sistema sufren el agotamiento. Pero, por suerte, no tenemos que correr delante de los grises, ni construir administraciones democráticas desde cero, ni separar la Iglesia del Estado, ni edificar el Estado de Derecho, ni sólo soñar con el ascensor social, ni generalizar la educación, la sanidad y los servicios públicos. Eso ya nos lo encontramos hecho, en buena medida (sobre todo a partir del cambio de 1982 que evocas en tu carta) y nos toca respetar y mejorar ese bagaje, sobre todo cuando se pone en riesgo. El partido que patrocinas cree que vivimos presos de los pactos de nuestros antecesores y cae en el adanismo constantemente; en su video de campaña tal parece que la victoria hipotética de Pablo Iglesias fuese la reconquista de la democracia, pero no es así. Yo no me siento culpable ni acomplejado por haber nacido en democracia, porque cada tiempo tiene su afán; como mucho, me siento deudor de los que lo hicieron posible (entre ellos partidos como el PSOE al que llaman «casta» e IU y el PCE al que despreciaban hace dos días como el «pitufo gruñón» hasta el éxito de la triste absorción de facto) y quiero acrecentar y renovar ese legado, no despreciarlo.

No creo que seas víctima de nada por trabajar fuera. Estudiaste Biología Molecular, seguramente gracias a la generalización del sistema universitario público y quizá con ayuda de las becas. Durante años escuchamos que era un error conseguir que el sistema de educación superior estuviese abierto a todo el mundo y no sólo a la élite (académica y económica), pero se consiguió consolidarlo. Si realmente quieres volver, ojalá puedas hacerlo. Pero si puedes vivir y trabajar en Londres, no tienes mucho que lamentar, precisamente; sobre todo porque aspiramos a ser ciudadanos del mundo, en Camden Town o en Riberas de Pravia. Sólo en sitios tan maravillosos como la National Gallery o el Museo de Bellas Artes de Asturias (cada uno a su nivel, claro, aunque los dos magníficos), no te cobran por ver las telas de Turner o Sorolla, por otra parte. No tienes que coger un autobús traqueteante para irte a Ginebra o Bruselas como los asturianos de los años 60 y ahora hay tres aerolíneas volando varias veces por semana entre Asturias y Londres, a precios asequibles (por cierto, algo ha tenido que ver la gestión del Gobierno autonómico). Te pido, eso sí, que convenzas a los amigos ingleses para que voten Remain el 23 de junio y no se dejen llevar por aquellos que están dispuestos a echar por tierra el ideal unitario, ya sea por refugiarse en nacionalismos caducos o por cargar contra la UE (como lo ha hecho Podemos) como si fuese un mero instrumento del capital (y no la organización de integración más elevada, garantía de la paz de un continente de sangrienta historia no tan lejana).

Amiga Esperanza: España no es sólo un país plagado de corrupción, salarios basura y juerga, como dices. Y lo que dices anhelar en tu carta no está por construir (aunque sí que esté en peligro). Tenemos un sistema de salud de alto nivel, pese a sus problemas, y equitativo desde la Ley General de Sanidad (1986). Educación pública y de calidad (al menos en Asturias), obligatoria hasta los 16 años gracias a la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (1990) y universitaria accesible; por cierto, en Asturias con tasas de primera matrícula congeladas desde hace cuatro cursos. Aunque las decisiones del actual Gobierno nacional hayan frenado la progresión, somos una potencia global en energías renovables y las empresas españolas (y entre ellas, un buen puñado de ingenierías asturianas) son punteras en la materia. Y, cierto es, tenemos mucho que hacer en investigación y desarrollo, y en otros muchos problemas estructurales no resueltos, pero no hay razones para caer en la desesperación ni para colocar nuestra autoestima colectiva por los suelos ni pensar que sólo hay salida tomando el avión o haciendo tabula rasa a cualquier precio. Hemos hecho mucho, también los treintañeros, y los que nos hemos quedado aquí (por decisión o por avatares de la vida) no somos peores ni iletrados tecnológicamente ni provincianos ni resignados. Y llevamos asumiendo responsabilidades con nuestro país y nuestra gente, algunos desde mucho antes de cumplir los 30.

Un saludo afectuoso a todas las personas en las que de algún modo se inspiraron para imaginar tu personaje... y un tirón de orejas a tus creadores por tomarnos por idiotas.

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