Sondaxe pronostica otra noche impenetrable

OPINIÓN

20 jun 2016 . Actualizado a las 09:24 h.

El pronóstico de Sondaxe para el 26J (PP 121, UP y confluencias 90, PSOE 85 y C’s 34), viene a decir que los motivos del bloqueo parlamentario siguen intactos, y que, si alguno de los aspirantes a la Moncloa no se come con patatas su discurso de campaña, habrá terceras elecciones. Si el análisis se hace en términos cualitativos, que son más lábiles aún, lo que dice Sondaxe es que las posibilidades de formar un Gobierno coherente y estable van a peor, ya que todos los cambios esperados (sorpasso de Podemos al PSOE y tarascada a Ciudadanos) debilitan el utópico centro desde el que Sánchez y Rivera intentaron falsear y manipular el 20D. Así que, a pesar de la fuerte presión social y mediática que cabe esperar a favor de una caótica investidura, no se deben descartar las terceras elecciones.

El Parlamento que pronostica Sondaxe sólo ofrece dos soluciones, que giran en torno a las dos mayorías -de izquierdas una, y liberal-conservadora la otra- que son previsibles. La única diferencia es que la izquierda del 26J estará liderada por Pablo Iglesias, y que ese simple dato convierte esta alternativa en una pura utopía. Del lado conservador las cosas siguen igual, aunque la ligera pérdida de C’s y el PP nos deja sin la hipotética mayoría absoluta que podría vencer las personalistas reticencias de Rivera contra Rajoy.

De todo lo cual se deduce que el gran derrotado de antes y de ahora, que es Sánchez, usurpa otra vez el fiel de la balanza, con plena capacidad para decidir si se hace un Gobierno de izquierdas y potencialmente revolucionario, presidido por Iglesias; o una gran coalición liderada por el PP; o un postureo indecente, igual que el anterior, que fuerce las terceras elecciones. La catástrofe política a la que España está abocada surge de que el PSOE, que ya no lidera ninguna Comunidad Autónoma, y que va camino del suicidio, no tiene capacidad para impedir que Sánchez se comporte como un niño travieso y amenace con que, si no le dejan ser califa en lugar del califa, puede tirar el tablero. Y el que pone la guinda a este despropósito es Rivera, que empeñado en ser el Adolfo Suárez de una nueva transición, permite que Sánchez disfrace de servicio a España lo que solo es una chuminada. Pero este es nuestro destino. Porque Pedro ya ha dicho que no hará presidente a ningún ganador. Porque Rivera ya prometió que su rabia y su envidia contra Rajoy está por encima de las urnas y de los intereses del país. Porque Sánchez ya dejó claro que está dispuesto a pagar la llave de la Moncloa con privilegios y excepciones para Cataluña. Y porque el pueblo, que podría deshacer este peligroso empate, ya le ha dicho a los encuestadores que no le da la gana. Por eso creo que el resultado del domingo podrá resumirse en esta espeluznante sentencia: «Entre todos la mataron y ella sola se murió».