Gaspar Llamazares, el sabio


En la política asturiana y en la española, se estila mucho criticar a la gente cuando lo hace mal, pero muy poco alabarla cuando se acierta. ¿Será por cainismo? Quien tenga el hábito de leerme, no ignorará que desde siempre tengo un profundo respeto y admiración por Gaspar Llamazares, por sus combates y la defensa de sus ideas que ha tenido desde hace décadas que ha hecho de él un candidato por el que he votado en más de una ocasión. También, quien me haya leído, habrá visto críticas a posicionamientos y actitudes suyas que yo no compartí ni entendí en su momento: su empeño en evitar la confluencia, fue uno de ellos. Bien es cierto que desde Podemos-Asturies la mano no estuvo todo lo tendida que a muchos nos hubiese gustado, pero estaba ahí, era un hecho, y muchos creímos entonces que Gaspar Llamazares se equivocaba.

El pasado día 21 de Junio, estuve en Xixón escuchándolo hablar a él y a otros líderes de Unidos Podemos y a pesar del hermoso y vibrante discurso de Sofía Castañón, uno de los más hermosos y memorables que recuerdo haber oído en un mitin desde que soy pequeño, el momento más emotivo para mí fue cuando Gaspar Llamazares, con una altura moral que a muchos les gustaría tener, tuvo la humildad de reconocer su error, de hacer algo que en política vemos muy rara vez: Rectificar. En el momento en que Gaspar Llamazares dijo “ya no estoy en la posición anterior; yo creo que ahora no solamente podemos sumar, ahora podemos multiplicar” vi que era cierto lo que decía y que Unidos Podemos va a ganar. Quizás no este domingo, ni el año que viene, pero sí que se abrirán las anchas alamedas más temprano que tarde.

El 21 en Xixón se dieron cita dos generaciones, dos maneras de entender la militancia, incluso dos culturas políticas que durante demasiado tiempo se habían dado la espalda y a las que unía mucho más de lo que se piensa. Mientras Sofía Castañón alababa la lucha en solitario de IU durante todos esos años en los que muchos estuvimos en las calles sin gran parte de los que hoy son nuestros compañeros, Gaspar Llamazares hacía ese ejercicio de humildad y de grandeza y reconocía que su estrategia no había sido la buena y no había ido en la dirección correcta. Esos dos gestos me conmovieron y me enternecieron, ver a la joven líder reconocer el trabajo y la dedicación de los que la precedieron y ver al veterano político reconocer que él se había equivocado y que los jóvenes teníamos razón, fue uno de los momentos más mágicos de esta campaña. Y es que por primera vez en toda la campaña los corazones eran algo más que un logo sino una realidad: Esos dos corazones, el viejo y el nuevo, el pasado y el futuro que los dos políticos representaban, latían de nuevo al unísono con más fuerza que nunca. Y entonces sí, sí que sonreí.

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