Y ahora qué

OPINIÓN

27 jun 2016 . Actualizado a las 12:45 h.

Después de una descafeinada campaña electoral -en lo ideológico, mediático y discursivo- en la que las coincidencias demoscópicas daban un ganador sin triunfo claro, a un perdedor adelantado por la izquierda, a un conquistador del lejano centro y a un cuarto dispuesto a tender su mano a un lado y a otro, los comicios han dado su veredicto. 

 Dejamos atrás una campaña veraniega, futbolera y casi eterna en la que las plazas de toros no se han llenado (ojalá no se llenasen nunca más en la vida) ni los autocares de jubilados han sido fletados para la ocasión. Por momentos nos olvidábamos (sobre todo cuando Iniesta hacía de las suyas) de lo verdadero y únicamente importante: formar un gobierno estable, un gobierno, dicho sea de paso, que deberá afrontar más de un problema largo tiempo macerando.

Con los resultados sobreimpresionados en las pantallas de todos los canales de televisión (menos en Telecinco que siempre ha sido especial, desde las mamachicho hasta el partido Hungría-Bélgica) se demuestra una cosa: la demoscopia y los que se llenan la boca de datos, porcentajes y estadísticas -muchos de ellos politólogos, sociólogos y periodistas- no tenemos más idea que el común de los mortales. Las estadísticas son números sin cara y la política debe ser caras sin números. Hágame caso, no confíen en los que les digan: casi siempre existe un interés más o menos oculto.