No ha sido el señor D'Hondt

OPINIÓN

27 jun 2016 . Actualizado a las 13:20 h.

El Partido Popular ha vuelto a ganar las elecciones. Era difícil otro resultado sin que mediara una catástrofe biológica, tipo peste bubónica: una sociedad no cambia tanto en seis meses. Igual de previsible era que los demás partidos mantuviesen su cuota de poder, salvo Ciudadanos. (Hay algo en Ciudadanos que se impugna a sí mismo, igual que lo había en UPyD, y ese es ahora mismo uno de los asuntos que más me intriga de la política española, pero no es de eso de lo que tratan estas líneas. Cada cosa a su tiempo.)

Estas líneas tratan del resultado de Unidos Podemos, de su relación con el electorado del PSOE y con la evolución de Podemos desde su creación hace dos años y medio. Y no pretendo disfrazarlas con retórica pseudocientífica (las ciencias sociales, para quien las trabaja): es personal, no son negocios.

Los resultados de Podemos en las elecciones del 20D fueron los que cabía esperar en un contexto de renovación generacional de las élites políticas españolas. Ni más ni menos. Podrían (deberían) haber sido otra cosa, pero se quedaron en eso. Ya era un paso adelante con respecto al panorama del que salíamos, a saber, una gerontocracia turnista hábilmente manejada por los poderes económicos, tanto dentro de la legalidad como fuera de ella. Pero era insuficiente, y no en virtud de deseos ultraizquierdistas o nostalgias de la marginalidad, como se ha venido repitiendo con absurda insistencia desde las cúpulas de Podemos. Era insuficiente porque el llamado «régimen del 78» posee suficiente combustible para aguantar así otros diez años, e incluso más. Una impugnación sistemática de su pilar más débil, a saber, la monarquía, podría haberlo hecho caer. Cierto que hacía falta pulir el instrumento, transformar aquel Podemos embrionario de la primavera de 2014 en una «maquinaria de guerra electoral». Nada que objetar. El problema es no haber sabido leer que lo que convirtió a Podemos en una amenaza para el bipartidismo era justamente lo que podía suministrar las piezas de esa maquinaria. Y entre esos factores me gustaría destacar tres: la horizontalidad, la transversalidad y la diversidad.