El triunfador y los fracasados


Rajoy es el único que tiene motivos para sentirse feliz, porque solo él ha salido reforzado en las urnas. Por contra, las denominadas fuerzas del cambio han pagado un alto precio por su incapacidad para ponerse de acuerdo en la fallida legislatura anterior. Los resultados de ayer han fortalecido al PP porque es el único partido que ha mejorado apreciablemente sus resultados y, además, ha ganado en casi todas las comunidades autónomas. Es, por ello, el realmente legitimado en las urnas para gobernar. Pero aún sigue muy lejos de la mayoría parlamentaria necesaria. Y eso, en política, tiene un precio. Deberá hacer muchas concesiones y muchos cambios para obtener los apoyos que le faltan.

Pero nadie, entre el resto de las fuerzas políticas, tiene legitimidad alguna para bloquear la constitución de un nuevo Gobierno. Más vale que se centren en arreglar su casa y en asumir responsabilidades por su fracaso electoral. Pedro Sánchez puede respirar aliviado por haber evitado el sorpasso, pero nada más. Lo próximo que debería hacer es convocar el congreso del PSOE para poner en marcha una profunda renovación de un partido que va horadando su suelo elección a elección. Pablo Iglesias debería hacer lo que no hizo anoche: reconocer su responsabilidad por haber hecho imposible un Gobierno de cambio y por el descalabro de la coalición con IU. Su mesianismo, su egocentrismo y su soberbia frustraron el relevo en la Moncloa y han roto a la izquierda de una manera que probablemente la aleje del poder durante mucho tiempo. Su fracaso solo es comparable al de Rivera. Pero su responsabilidad por el daño causado es infinitamente mayor.

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