La punta del iceberg


Un clásico de la política es atribuir los fracasos a la comunicación. Es lo primero que cambian todos los partidos cuando las cosas les van mal. La idea subyacente es que ellos lo hacen bien, y si les va mal es porque el votante, tonto él, no ha sabido captar la bondad de lo que le ofrecen. Pero a algunos el desastre les ha pillado tan por sorpresa que lo único que se les ocurre es hacer una encuesta interna para intentar saber qué ha pasado. Es lo malo de la política de laboratorio, que se confunde la realidad con el experimento. Podemos ha vivido en una burbuja que su gente ha contribuido decisivamente a crear y cuando ha pinchado, solo les queda la desorientación más absoluta.

Su gran éxito ha sido elaborar un discurso que han conseguido asentar como el relato único de la crisis con la complicidad acrítica de muchos medios que se han dejado llevar por una visión simplista, tremendista y moralista de la realidad, porque es lo más fácil de vender. A fin de cuentas, todos necesitamos sentirnos redimidos de las cadenas de la crisis. Y si hay un medio en el que reina la simplificación y la demagogia es el de las redes sociales. Los dirigentes de Podemos, incapaces de ver la parte sumergida del iceberg, se han creído que España es la realidad paralela que ellos han creado. Y cuando las urnas les han despertado del sueño, han reaccionado despreciando e insultado a quienes se lo han arrebatado, es decir los españoles que no piensan como ellos. Es más, las redes sociales se han llenado de mensajes que cuestionan la limpieza de las elecciones. Y de puertas adentro, Iglesias intenta silenciar el griterío. Como la vieja política. No, mucho peor.

Tags

La punta del iceberg