«Troublemaker»


No nos engañemos. Gran Bretaña nunca ha sido un miembro convencido y dedicado de la UE. El referendo sobre la permanencia convocado por el líder laborista Harold Wilson en 1975 se saldaría con un 67 % de los votos a favor y una reducción de su aportación a las arcas comunes. Thatcher conseguiría también otro descuento al insistir en que su aportación a la agricultura comunitaria era excesiva. Desde entonces, Gran Bretaña ha puesto todo tipo de impedimentos a la marcha de la UE: se ha mantenido fuera del euro y se ha negado a firmar el tratado de Schengen para la libre circulación.

En cuanto el problema de la emigración hizo surgir el atávico complejo de superioridad del imperio y la extrema derecha del partido UKIP amenazó a los conservadores, estos no dudaron en sumarse al carro de la consulta popular. Gran Bretaña ha votado su salida de la UE con solo un 4 %  más de los votos a favor. La primera víctima ha sido precisamente quien ha ocasionado el problema, el troublemaker David Cameron. Su fracaso no solo ha supuesto su dimisión fulminante, sino que abre la veda en el Partido Conservador e inicia un proceso de desconexión que ya ha puesto en jaque al mundo financiero y acabará por desestabilizar la economía mundial. Los británicos creen haber recuperado su país y su independencia, pero, en realidad, somos los europeos los que hemos recuperado nuestra libertad de maniobra y la posibilidad de construir un verdadero continente unido sin las cortapisas de los isleños.

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