El cambio: consolidado y generacional

OPINIÓN

06 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay múltiples relatos tratando de imponerse tras las elecciones del domingo 26 de junio que sorprendieron a la mayor parte de la ciudadanía española. La inmensa mayoría de las demoscópicas coincidían en que Unidos Podemos iba a alzarse con la segunda posición tanto en votos como en escaños, lo que le otorgaría el rol de fuerza encargada de encabezar un Gobierno alternativo al de Mariano Rajoy cuyo leitmotiv fuese revertir las políticas de austeridad y recortes que seguirán rigiendo España durante la próxima legislatura, salvo sorpresa mayúscula. Hay resquicios mínimos para creer que si el Partido Socialista no se atrevió con la aritmética parlamentaria del 20D a encabezar un Gobierno progresista que olvidase las políticas del Partido Popular, es decir, que se emancipase de su acuerdo con Ciudadanos para que, en lo sustancial, nada cambiase, vaya a hacerlo ahora con 5 escaños menos a su favor.

Ante esta mayoría holgada del Partido Popular y el retroceso tanto del Partido Socialista como de Ciudadanos, así como el estancamiento de Unidos Podemos en 71 escaños, hay quienes dicen que sale fortalecido el bipartidismo. Yo creo que es erróneo pensar esto, puesto que hay dos almas en el Partido Socialista: la que les pide facilitar la gobernabilidad y pasar a la oposición (que ya asomó en diciembre) y un alma progresista que les pide llegar a acuerdos con Unidos Podemos (se intuye, al menos por las declaraciones de algunos de sus portavoces y su negativa a pactar con el PP en diciembre). La tensión entre estas dos almas, y un amplio apoyo en los sectores de edad comprendidos entre los 45 y los 60 años le permiten al Partido Socialista tener un espacio electoral sólido y estar en un empate técnico frente a Unidos Podemos que se prolonga desde el 20D. Además, Unidos Podemos y Ciudadanos suman 8 millones de votos con un amplio apoyo en los sectores más jóvenes del electorado, lo que permite pensar que han venido para establecerse y que no hay motivos para creer que vayan a ser flor de un día.

Otro relato que parece imponerse es el de que el votante español es de un perfil mayoritariamente conservador, a tenor del avance del voto conservador representado en el Partido Popular y Ciudadanos. Históricamente hay datos que avalan que esta tesis es errónea, y la abstención que ayer se materializó en un menor número de votos y escaños de carácter progresista que ninguna encuesta supo prever también desmiente estos postulados. España es un país cuyo votante medio es progresista y tiene unas ideas más identificadas en el centro-izquierda y el avance social. No en vano el Partido Socialista ha gobernado durante tantos años. Aunque ahora mismo la hegemonía política la tiene el Partido Popular, en un periodo de impasse a la espera de que las nuevas generaciones agarren el testigo, España no es un país cuyos votantes sean conservadores.