Joaquín M. Batrina, poeta catalán del siglo XIX, se hizo famoso por el cuadro que pintó, con 35 palabras, del cainita desprecio que España siente por sí misma: «Oyendo hablar un hombre, fácil es / saber dónde vio la luz del sol. / Si alaba Inglaterra, será inglés. / Si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España... es español». Y mucha razón tenía aquel hombre que, libre de complejos y dogmas, se había percatado de que los únicos historiadores que siguen alimentando la leyenda negra son españoles; los únicos que no quieren reconocerse en una historia y un patrimonio a la altura de los más grandes son los españoles; y los únicos que están seguros de que España ni siquiera existe, son todos españoles. Porque el único pasado del que estamos orgullosos es el de los reinos de taifas.
Consciente de esta tragedia, también yo dejé constancia en un artículo reciente de que la frase más pronunciada en España entre 2008 y 2016 fue «¡esto no pasa en ninguna parte!», que resume, con infundado rencor, la célebre quintilla de Batrina. La inmensa mayoría de los españoles aún cree que la crisis -la de verdad- solo se cebó en España. Que los desahucios y despidos solo los dictaba el Partido Popular. Y que la piel de toro es -en vez de la decimotercera economía del mundo, entre los diez estados con mayor calidad de vida- un país absolutamente empobrecido, donde los niños pasan hambre y la gente se muere de frío. Por eso quiero hacer un relatorio científico de cosas que no pasan en ninguna parte, por si alguien necesita levantar el ánimo antes de las vacaciones.
En Austria no saben contar los votos de las elecciones presidenciales, y tienen que repetirlas. Y eso no pasa en ninguna parte. En Francia, Holanda e Inglaterra se cargaron, con tres referendos atrabiliarios, la Constitución para Europa y el mapa de los 28, por falta de cultura política global y por regueifas internas impresentables. Y eso no pasa en ninguna parte. En USA están abraiados por tener que elegir entre los candidatos que salieron de sus primarias. Y en el Reino Unido le piden al parlamento que desoiga el referendo y se mantenga en la UE. Y ambas cosas no pasan en ninguna parte. En Francia van para seis meses de estado de excepción contra el terrorismo, y otros tres de lucha callejera entre Hollande y los sindicatos. Y eso no pasa en ninguna parte. La seguridad en Bélgica, capital de la UE, sigue en pañales. Y eso no pasa en ninguna parte. Y en Italia aún andan a vueltas con el rescate bancario, con una deuda del 140 % del PIB, y con un panorama político más gaseoso y desajustado que el nuestro. Y eso no pasa en ninguna parte.
Los ejemplos se multiplican, sin necesidad de hacer demagogia con Grecia, Venezuela, Brasil o los países en guerra. Pero nosotros erre que erre. Porque lo que vemos aquí no pasa en ninguna parte.